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lunes, 18 de noviembre de 2019

Meditación Mindfulness ó Atención plena.


 El mindfulness, también llamado atención plena o conciencia plena, consiste en estar atento de manera intencional a lo que hacemos, sin juzgar, apegarse, o rechazar en alguna forma la experiencia.
Es una práctica basada en la meditación vipassana. Consiste en prestar atención desapasionada a los pensamientos, las emociones, las sensaciones corporales y al ambiente circundante, sin juzgar si son adecuados. La atención se enfoca en lo que se percibe, sin preocuparse por los problemas, por sus causas y consecuencias, ni buscar soluciones.
Jon Kabat-Zinn diseñó un programa llamado Mindfulness-Based Stress Reduction - MBSR, —reducción del estrés basada en la atención plena— a partir del cual se difundió fuera de su contexto religioso original.
Mindfulness es un antiguo sinónimo en inglés de attention. Estuvo en desuso hasta 1881, cuando un magistrado británico destinado en Ceilán llamado Thomas William Rhys Davids lo recuperó como traducción aproximada del concepto budista que en la lengua litúrgica pali se llama sati, «memoria del presente», que describe una de las siete facetas de la iluminación.​
Casi un siglo más tarde, en la década de 1970 Jon Kabat-Zinn lo eligió para nombrar la meditación en su programa, con el objeto de salvar las reticencias existentes en ese tiempo hacia la mística oriental. dándole el significado actual: «conciencia que surge al prestar atención, con el propósito enfocado en el momento presente, y sin juzgar».
Desde la década de 1970 se ha promocionado el mindfulness con objetivos diversos, con la idea de mitigar el estrés, principalmente el causado por el trabajo o las enfermedades.
El primer programa que incorporó el mindfulness como herramienta fue el Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR), —en español reducción del estrés basada en la atención plena—, creado por Jon Kabat-Zinn. Sobre la base de este programa se crearon otros, llamados Mindfulness-Based Interventions (MBIs), dirigidos hacia grupos más específicos, como la Mindfulness-Based Cognitive Therapy (MBCT), —terapia cognitiva basada en la atención plena—, diseñada para pacientes con depresión mayor con alto riesgo de recaída y recurrencia.
Una de las aplicaciones del mindfulness se dirigió a preparar a los militares estadounidenses para minimizar los trastornos que sufren durante el combate y sus secuelas, como el trastorno por estrés postraumático, la ansiedad o la depresión. El Mindfulness-based Mind Fitness Training, MMFT, o M-fit —entrenamiento mental basado en mindfulness— se enseña a los militares durante las semanas previas a un despliegue. Se ha usado para entrenar a las tropas que participaron en las guerras de Afganistán e Irak.​
Si bien hay evidencia de que la terapia mindfulness tiene una efectividad mayor que la mera exposición a psicoeducación, relajación, imaginación, su eficacia es similar a la terapia cognitivo-conductual.
Desde su creación, el MBSR se ha aplicado tanto a personas sanas bajo estrés, como a pacientes con diversas enfermedades: VIH, artritis reumatoide, fibromialgia, cáncer, depresión, trastorno de estrés postraumático, esquizofrenia, etc. 
La meditación sirve para calmar el pensamiento discursivo. Y, ¿qué significa esto? Hablamos de ese parloteo incesante y agotador que genera sus propios –y la mayoría de veces, absurdos e ilógicos- razonamientos. También se le suele conocer como “mente de mono”, porque tus pensamientos saltan de rama en rama, llevándote a una sucesión de pensamientos con los que nos identificamos y generan emociones que pueden alterar nuestro estado de ánimo.
La mente es movimiento, un flujo constante de patrones mentales que crean una falsa imagen de lo que somos. Si creamos pensamientos de inseguridad, terminamos por creerlo y condiciona nuestras acciones diarias. Por ello, son cada vez más los psicólogos que integran en su terapia la meditación transcendental o un curso de meditación, dados los resultados positivos que conlleva su práctica.

¿Qué es meditar?

Meditar es entrar en un estado de observación. De alerta. Una toma de conciencia que te permite ser consciente de que tu verdadero Yo no es los pensamientos que cruzan tu mente. Es decir, meditar te permite identificar a tu observador interior, esa parte capaz de diferenciar al sujeto de los pensamientos, sentimientos o recuerdos. Porque Tú no eres tu mente. Y a través de la meditación se logra crear un estado de no-identificación con este flujo de pensamientos y liberamos de la angustia vital.
La meditación te ancla al momento presente y te enseña a No Hacer, a dejar de buscarle una finalidad a todo lo que realizamos. Cuando meditamos, simplemente pretendemos percibir o estar atentos sin una búsqueda de objetivos. El silencio mental que produce la meditación genera unas condiciones de calma muy beneficiosas para estados de estrés o ansiedad.
Este propósito también permite aprender a no tratar de controlar tanto las situaciones de nuestra vida y dejar de preocuparnos por lo que sucederá. Igualmente, permite armonizar en un estado de integración sin afectarnos las contradicciones y dualidades que todos tenemos, abriéndonos a ser flexibles y tolerantes con nuestras vivencias.

¿Cómo meditar?

No necesitas un lugar especial para ello. Un espacio despejado en tu dormitorio, con luz natural y que te permita sentarte en el suelo, es suficiente. Es recomendable que sea un lugar tranquilo y en el que no puedan interrumpirte. Tampoco es necesario adoptar posturas que te resulten incómodas. Con la práctica encuentras tu posición ideal. Pero puedes realizarla en una silla o sobre un cojín. La manera que te resulte más cómoda y te permita concentrarte. Sin embargo, no es recomendable practicarla tumbado, porque podemos entrar en un estado de relajación absoluta y quedarnos dormidos. Es genial, pero no es meditar.
Comienza con sesiones de quince a veinte minutos. A medida que tu práctica avance, alarga el tiempo hasta la media hora. Más de media hora requiere una práctica más experimentada. Para no estar pendiente del tiempo, utiliza la alarma del reloj para que te avise cuando hayas llegado al tiempo que has establecido. Cuando medites, tu mente comenzará a quejarse y encontrará cien tareas muy importantes que hacer. Es parte del proceso. Respira y sigue concentrado.

Técnicas de meditación

Existen diferentes técnicas de meditación, en función de la experiencia que tengamos. Algunas resultan más fáciles para no iniciados y otras requieren haber adquirido una práctica constante. Pero todas se basan en el mismo principio: elegir un foco de atención y traer de vuelta la mente a ese foco cada vez que nos distraigamos pensando en otras cosas.
1. Atención en la respiración.
Es la primera que se aprende cuando nos iniciamos en la práctica por su sencillez. Consiste en enfocar la mente en nuestra propia respiración de una manera muy simple y efectiva.
Mantén la atención en tu forma de respirar. Concéntrate en cada inhalación y exhalación y cuéntalas. Una: inhalas-exhalas. Dos: inhalas-exhalas. Hasta llegar a diez. Y vuelves a comenzar. Tu atención se concentra en llevar la cuenta de tu respiración.
2. Atención en un objeto.
Nos concentramos en enfocarnos en un color, un objeto, un sonido. Una pared lisa de color uniforme es una buena referencia. También cerrar los ojos y atender a los sonidos que nos rodean, sin etiquetarlos, ni juzgarlos, o buscar el silencio que existe entre esos sonidos. Es una técnica que capta nuestra atención de inmediato.
3. Mantras para meditar.
Un mantra es una palabra que al repetirla en bucle crea un estado pleno de paz. Resulta una manera muy sencilla de entrar en la atención plena y la repetición produce una sensación muy beneficiosa. Quizá el mantra más utilizado para la meditación es Om Mani Pad me Hum.
4. Atención en nuestro interior.
Revisamos todo nuestro cuerpo, como una especie de escáner que recorre desde la punta de los pies hasta la coronilla. Y también podemos poner atención en nuestras emociones: me siento alegre, me molesta algo, estoy impaciente, relajado… Y cómo se reflejan esas emociones en nuestro cuerpo: tengo los hombros cargados, me duele el cuello, la postura me resulta incómoda. Lo observamos todo, pero sin juicio, sin etiquetas. Solo estando presentes y viéndolo.
Otra técnica muy beneficiosa y que consigue una concentración profunda es la meditación mediante sonidos de naturaleza: el agua de un río, pájaros, las olas del mar. También el hipnótico sonido de los cuencos tibetanos lleva de inmediato a una sensación de bienestar. En internet podemos encontrar muchos recursos de este tipo para nuestra práctica.
Podemos concluir que la meditación podrá permitirte ‘parar’, y experimentar de primera mano los beneficios de llevar una vida consciente y saludable.
Nuestro ritmo diario, muchas veces, nos impide disfrutar del momento. El presente ha dejado de ser importante en nuestras vidas y el futuro nos preocupa mucho más que el aquí y ahora. La atención plena es un método de relajación basado en la meditaciónAprender a meditar es un punto clave para sacar el máximo partido al momento actual.
Meditación y atención plena
Seguro que muchos ya habéis escuchado hablar del mindfulness. Una técnica budista de relajación que nos permite gestionar mejor las emociones, las actitudes y los pensamientos. Gracias al desarrollo de esta capacidad gestionamos mejor las situaciones complicadas de la vida, sin juzgarnos y aceptándolas como algo necesario y de lo cual aprender.
El mindfulness se basa en la meditación y atención plena. Es decir, en un estado de relajación absoluto, pero consciente, en el cual somos capaces de observarnos en el momento presente. La atención plena pretende unir nuestro yo más interno con el mundo exterior.
Su objetivo no es otro que aprender a separar nuestras emociones de los problemas. El mindfulness establece que los problemas no son las situaciones malas de la vida, sino las emociones negativas con las que relacionamos estos hechos. No se trata de eliminar estas emociones, sino de saber gestionarlas adecuadamente para que no nos generen estrés y ansiedad.
Técnicas de atención plena
La sociedad actual nos obliga a ser personas multitarea. Nos pasamos el día haciendo varias cosas a la vez. Corriendo de un lado para otro sin pararnos a pensar en lo que sucede a nuestro alrededor. La atención plena y el mindfulness nos invitan a pararnos a contemplar. Aprender a meditar es el primer paso para llegar a una contemplación consciente efectiva. Entre sus muchas técnicas, la meditación es la más importante.
Para empezar a meditar, lo primero es escoger un lugar cómodo y tranquilo. Seguidamente, tenemos que adoptar una postura de descanso. Da igual que sea tumbados o sentados en el suelo. A continuación, aprenderemos a observar nuestra respiración. Sin modificarla. Inhalando y exhalando de forma profunda, pero no forzada. Pronto observarás cómo tus pensamientos intentarán romper ese proceso de respiración consciente. No importa. Déjalos pasar sin juzgarte. A todos nos pasa. Vuelve a fijar tu atención en el aire que tus pulmones toman. Repite esta meditación durante 10 minutos cada día. Verás cómo con el tiempo controlarás mejor tus emociones y pensamientos.
Otras técnicas de atención plena pasan por meditar mientras hacemos cosas cotidianas:
1. Leer un libro en silencio: deja el mundo del ruido actual y sumérgete en la historia de una novela. Elige un lugar tranquilo (mejor, por la noche) y sé parte de la ficción.
2. Dibujar: coge un papel en blanco y colores. Empieza a dibujar sin pensar. No busques dibujar bien. Lo importante es dejarse llevar. Si tus pensamientos te interrumpen la tarea, llévalos de nuevo a su lugar y continúa dibujando. Cuando termines, rompe el papel. Tu trabajo no debe ser juzgado por nadie. Ni siquiera por ti mismo.
3. Caminar: esta es una de las formas más bonitas de meditar. Ejercitamos cuerpo y mente al mismo tiempo. Presta atención a los pasos que das, cómo los das, tu respiración, los olores y sonidos, etc. Vive el momento de caminar al aire libre con toda intensidad.
4. Escuchar a otra persona: a veces estamos tomando un simple café con un amigo y no somos conscientes de lo que nos está contando. Atendemos al móvil, pensamos en las cosas que tenemos que hacer después… Apaga el teléfono y escucha atentamente la conversación. Al escuchar, no intentes juzgar a tu amigo y acéptalo tal y como es. No intentes cambiar nada.
5. Agradece: una de las mejores maneras de aceptarnos a nosotros mismos pasa por el poder de la gratitud. Nos hemos olvidado de dar las gracias por muchas cosas que damos por hechas. Sé agradecido con el mundo que te rodea. Da las gracias por tu familia, tus amigos, tu trabajo, el sol que ilumina tu día a día, la lluvia que deja brillar las flores, etc. Todo es necesario, por lo que todo es digno del poder de la gratitud.
Beneficios de la atención plena
Se ha demostrado científicamente que los pensamientos tienen poder sobre la salud física de las personas. Así pensamos y así somos. Gracias a la atención plena y las técnicas del mindfulness conseguimos reducir las emociones negativas, lo cual repercute en el bienestar general de nuestra mente y nuestro cuerpo.
Los beneficios más destacados de la práctica de la atención plena son:
1. Reduce la ansiedad y el estrés: los estados de relajación reducen los niveles de cortisol, una hormona causante del estrés. La calma y serenidad nos ayudan a tener unos niveles normales de cortisol, necesarios para la energía vital del cuerpo. Al reducir el estrés, inmediatamente se controlan los estados de ansiedad y depresión. Una mente sana es la clave de una buena salud.
2. Disminuye los trastornos del sueño: las personas que sufren de insomnio consiguen conciliar mejor el sueño gracias a la atención plena. Una vez más, el control de las emociones durante el día hace que las noches sirvan para descansar y recuperar fuerzas. Se acabó lo de contar ovejitas hasta altas horas de la madrugada.
3. Mejora la concentración y memoria: entrenar la mente a diario hace que seamos capaces de centrarnos mejor en las tareas que realizamos. La conciencia es parte de la concentración. Ya no haremos las cosas como robots, sino que seremos capaces de disfrutar de ellas y sacarles mucho más partido.
 Las personas que meditan y se hacen más conscientes del mundo que las rodea son personas, por lo general, más creativas, más sociales y con mayores niveles de inteligencia emocional. Los ejercicios de meditación y contemplación nos están permitiendo tener una calidad de vida mucho mejor. Disfrutamos más de todo lo que hacemos, somos agradecidos y aceptamos los problemas como algo necesario para seguir aprendiendo. Lo que antes eran obstáculos, ahora son oportunidades.
Vivimos en una realidad que, por mucho consideremos sólida, es, en general, más bien engañosa. La misma situación es percibida por cada persona de forma diferente ¿Te has preguntado alguna vez por qué sucede esto?
El mundo que llega hasta nosotros es el producto de lo que nosotros proyectamos. Cualquier experiencia que se presente en nuestra vida, ya sea de placer, de dolor, alegría o tristeza, por mucho que nos cueste entenderlo, es una creación nuestra. Nada exterior a nosotros es responsable de nada de lo que nos suceda.
Podríamos decir, incluso, que somos los creadores de nuestro destino, en cierta manera. Cada persona es la única responsable de crear su cielo o su infierno, y nada tienen que ver los que nos rodean con esa creación.
 Vivimos en un mundo de interpretaciones que tiñen cada uno de nuestros momentos con la tonalidad de nuestras creencias, creando de esa forma nuestra particular versión de la vida, de la cual somos guionistas, actores y directores.
Sentimos que el mundo en el que vivimos no nos satisface y que los momentos de paz en nuestro día a día son escasos y difíciles de atrapar. Nos dejamos llevar por la tristeza, el miedo, la preocupación o la ansiedad en cualquier momento y sentimos que nuestra vida no tiene un propósito.
En el amargo gusto de todos estos sinsabores podríamos encontrar el por qué de la necesidad de la meditación. Necesitamos salir del dominio de nuestra mente y comenzar a ver el mundo tal y como es, no tal y como nos lo muestra la mente.
Necesitamos ordenar nuestro mundo interior
Según sea la condición mental de una persona, así percibirá el mundo y las situaciones que se presenten. Por lo tanto, la forma de poner orden en nuestra vida pasa por comenzar primero por nuestro mundo interior.
Cuando la mente tiene el papel predominante en nuestra vida, con sus interpretaciones y juicios, es imposible que la paz conviva con nosotros. La mente siempre está ocupada haciendo juicios basados en opiniones de segunda mano y en miedos a futuros potenciales que nadie sabe si alguna vez ocurrirán. Por eso, cuando, a través de la meditación, somos capaces de tomar distancia y observar todos esos juicios y creencias desde fuera, conseguimos poner orden allá donde antes había desconcierto.
La mente, una vez educada, es un instrumento de mucha utilidad, pero solo cuando ocupa el sitio que la corresponde… La mente solo debería tener protagonismo cuando nosotros decidimos utilizarla, no cuándo y cómo ella decida. Este dominio sobre el papel de la mente se alcanza gracias a la meditación.
El hecho de meditar nos convierte en los observadores de todo ese ir y venir de nuestra mente. Esa observación nos hace tomar distancia, consiguiendo así restar importancia a todo el drama que hayamos creado en nuestra vida.
La meditación nos sumerge en la serenidad necesaria para contemplar todos nuestros pensamientos, nuestros miedos, deseos o juicios, sin dejarnos llevar por ellos. Y si conseguimos alcanzar una meditación profunda, podremos llegar a ser conscientes de nuestra verdadera naturaleza.
Comienza tu día meditando
El hecho de hacer una pequeña meditación por la mañana, consigue que iniciemos el día de una forma diferente, contagiando la paz de ese momento al resto de nuestro día.
La práctica de la meditación, de forma regular, consigue que nuestra vida se vuelva una celebración, Los miedos, las ansiedades y las tristezas se alejan de nosotros, dando lugar a aquella parte más inocente y juguetona con la que un día llegamos aquí. El sufrimiento que caracteriza la vida de muchas personas se va diluyendo según la práctica meditativa se va haciendo habitual en nuestra vida. Por mucho que el dolor nos siga visitando, ya que forma parte de la vida, el sufrimiento, que es la reacción a este dolor, dejará de estar presente gracias a la meditación.
Beneficios de la meditación
Una persona que empieza a meditar podrá comprobar que ciertos cambios aparecen en su día a día:
Mayor sensación de alegría.
  • Los músculos dejan de estar tensos.
  • La calidad del sueño es mucho mayor.
  • Aumenta el cociente intelectual.
  • Se incrementa la memoria y la capacidad de concentración.
  • Se observa reducción de la presión sanguínea.
  • Aparece una mayor fortaleza física y mental.
Ante todas estos beneficios seguro que estás pensando en la posibilidad de hacer un hueco a la meditación en tu vida.

Meditar es fácil

Meditar es algo que no requiere de condiciones específicas. Tienes la libertad de realizar la práctica cuando mejor te venga y en cualquier sitio. No obstante, lo más aconsejable es meditar a primera hora de la mañana o antes de acostarse. Lo ideal sería encontrar un sitio tranquilo donde no vayamos a ser molestados.
La postura no es una condición indispensable, aunque la más indicada es aquella en la que la espalda permanezca recta. No es imprescindible sentarse en el suelo o cruzar las piernas, con sentarse en una silla o butaca es suficiente.
En líneas generales, el hecho de sentarte cada mañana y, tras hacer varias respiraciones conscientes, ser capaz de observar cómo los pensamientos van llegando a tu mente, ya podremos decir que la meditación se está dando.
Si mantienes durante un rato esa observación, sin que los pensamientos te arrastren, comenzarás a notar como, poco a poco, una sensación de paz y tranquilidad se va instalando dentro de ti.

Regálate un rato de silencio, ¡te lo mereces!

Los verdaderos beneficios de la meditación, no obstante, se irán notando al mantener la práctica a lo largo de los días. Hace falta un poco constancia y disciplina para llegar a notar la diferencia en tu vida. Procura guardar diez o quince minutos al día para hacer este viaje a tu interior, tómalo como un regalo que te haces a ti mismo.
En cualquier caso, existen numerosas técnicas que se adaptan a las diferentes personalidades. Están, por ejemplo, las meditaciones activas, que están destinadas a las personas que tengan mayor problema a la hora de estar sentados sin hacer nada. Estas meditaciones, consiguen que la atención, que en un principio estaba centrada en la mente,  pase al cuerpo y a la actividad que estemos desarrollando. Puede ser caminar, bailar o, incluso, lavar los platos.
Como habrás podrido comprobar, cualquier ocasión es buena para poner un poco de paz en tu vida. La meditación podrá permitirte ‘parar’, y experimentar de primera mano los beneficios de la atención plena y la vida consciente.
Existen Apps como Siente, grupos de meditación, meditaciones guiadas en internet, etc. No pierdes nada por intentarlo y si puedes ganar mucho.
Namasté.
Fuente: Wikipedia. Crear salud.org





jueves, 24 de enero de 2019

HISTORIAS DE VIHDA.


En noviembre de 2014 la periodista Pilar Devesa propone un proyecto comunicativo en el Comité Ciudadano Antisida de la Comunidad Valenciana, con el propósito de generar contenido documental actualizado, integrador y positivo sobre las personas que conviven con el VIH.
Basadas en uno de los géneros interpretativos más útiles en Ciencias Sociales para analizar los problemas latentes de la estructura social, las Historias de VIHda comienzan a publicarse en el blog del Comité Antisida tratando de retratar, desde la experiencia cotidiana, qué ha significado tener VIH en las últimas tres décadas y cómo ha evolucionado el perfil de la comunidad afectada residente en Valencia.
En una primera etapa, el proyecto orienta su interés hacia los perfiles sociales con mayor dificultad para generar procesos de identificación con el discurso mediático: personas en situación o riesgo de exclusión social y, además, personas usuarias, voluntarias y profesionales, vinculadas al Comité Antisida.
El proyecto Historias de VIHda alcanza con el paso de los meses nuevas líneas de representación y, en septiembre de 2015, una decena de profesionales del fotoperiodismo y las artes visuales se suman al proyecto para interpretar gráficamente parte de las historias. Un aditivo que maximiza el potencial expositivo y simboliza un reto aún mayor para los entrevistados y entrevistadas. Los profesionales de la forografía participantes en el proyecto son: Tania Castro, Germán Caballero, Susana Marco, Juan Catalán, García Poveda, Eva Máñez, David Núñez, Iván Sanchis, Ramón Espacio y Sandra Ullés. El diseño gráfico de la primera etapa del proyecto ha sido realizado por Noelia Vera.
Después de organizar las I Jornadas Autonómicas de Visibilidad sobre VIH, se plantean nuevas metas para el proyecto, donde la producción audiovisual pasa a ser protagonista de entre los formatos de difusión.
Actualmente, el proyecto Historias de VIHda sigue coordinado por la periodista creadora del proyecto, Pilar Devesa,  y cuenta con un equipo técnico audiovisual formado por Alberto Pascual, Marcos Bañó y Pepe Torres, que  realizaron el cortometraje documental Énfasis, una propuesta innovadora para reflexionar sobre los procesos de visibilidad de las personas con VIH. Del diseño gráfico ha participado Libertad Ballester y de la música original, Isabel Latorre. El proyecto Historias de VIHda busca que las personas con distintos grados de diversidad funcional puedan acceder a nuestros contenidos; de la accesibilidad audiovisual se ha encargado Susanna Ligero.



Más info en: Historias de VIHDA.org






martes, 11 de diciembre de 2018

¿ACABAS DE SABER QUE VIVES CON VIH?


El conocimiento de un diagnóstico, como es la infección por VIH, supone un gran impacto emocional para la mayoría de las personas debido a todas las dudas relacionadas con el proceso de la infección y por las connotaciones relacionadas con el estigma y la discriminación asociadas al VIH. Esta noticia desencadena una serie de fenómenos que pueden resultar, en la mayoría de los casos, dolorosos e implican una serie de reacciones emocionales de respuesta al cambio de situación que debe asumir la persona, como suelen ser la incertidumbre, la desesperanza, el miedo y la impotencia.
Los primeros instantes al recibir la noticia suelen ser de incredulidad ligada inevitablemente a la negación. “No es posible”, “debe ser un error”, “será un falso positivo”, “esta prueba es errónea o defectuosa” pueden ser algunos de los pensamientos que inundan la mente de la persona recién diagnosticada. Esta fase es la primera de un duelo que se elabora como mecanismo de adaptación a una nueva realidad.
Esas emociones pueden bloquear a las personas, pueden sentir sensaciones de irrealidad, de estar dentro de un sueño del que en cualquier momento despertarán. Es lo que se conoce como despersonalización; esta fase, por lo general, apenas dura unas horas o días, puesto que con el transcurso del tiempo son conscientes de que la vida ha cambiado. Lo importante es que sepan que tienen las riendas de su vida, y que de sí mismos depende hasta que punto permitirán que ese cambio les afecte.
A medida que pasa el tiempo se generan diferentes sentimientos y emociones y esas sensaciones se irán interiorizando, es conveniente buscar apoyo para aceptar esta nueva etapa de la vida.
Es posible que vayan apareciendo nuevas situaciones y dudas que generen sentimientos de pérdidas, tales como ingresos hospitalarios, comenzar el tratamiento, las visitas al médico/a, la situación laboral, el enfrentarse al comunicarlo a familiares, amigos/as, parejas y exparejas, las relaciones sexuales, etc., pueden generar situaciones que precisan de un periodo de adaptación que durará más o menos tiempo dependiendo de varios factores hasta llegar a la aceptación de la enfermedad. Para llegar a ese punto se debe culminar el duelo, atravesando todas o algunas de sus etapas. Tras la primera fase llega la ira o el enfado, no entendemos por qué ha pasado esto, ¿qué han hecho para merecerlo?, mirando hacia atrás intentando buscar el momento exacto en el que pudo suceder, o incluso motivos que puedan justificar el diagnóstico a modo de condena divina.
Es beneficioso repasar las conductas con la finalidad de aprender y reducir futuras exposiciones a diversas infecciones de transmisión sexual. Sin embargo, el hecho de repasar el pasado en busca de culpables no es una estrategia acertada. Conviene no hablar de culpables, eso lleva implícito un castigo ante una conducta ilícita. Hablemos mejor de responsabilidad, somos responsables de nuestros comportamientos, pero no por ello merecemos un castigo aleccionador como una enfermedad.
Hablar con otras personas que conviven con el VIH ayudará a ver que no es la única persona con esos sentimientos, conocer a otras personas que han pasado por esa situación, compartir con ellas experiencias y sentimientos ayudará a regular esas emociones.
Conocer el proceso de la infección, aprender los conceptos básicos sobre el VIH, conocer organizaciones y personas dispuestas a escucharte, te permitirá tener un mayor control sobre tu vida y te ayudará a sentirte mejor.
Como consecuencia del estigma, muchas personas con el VIH se lo piensan dos veces antes de compartir con alguien su estado. Una de las formas de evitar experiencias de estigma y discriminación es ocultar que tienes el VIH.
En muchas situaciones es un tema que, sencillamente, no resulta relevante y es poco probable que surja en una conversación de forma espontánea. Muchas personas con el VIH deciden que la mayoría de la gente con la que contactan no necesita conocer detalles relativos a su estado de salud. Por otra parte, revelar que tienes el VIH podría ser la forma más poderosa de la que dispones para combatir el estigma. La decisión de con quién hablar sobre el VIH es muy personal, y lo que resulta correcto para una persona puede no serlo para otra. A veces, puede ser útil contárselo a aquellos/as en quienes confías, o a quienes puedan ayudarte de alguna manera. Si comprenden por lo que estás pasando, pueden ser capaces de darte el amor y el apoyo que precisas. Compartir un secreto puede fortalecer la relación y así, además, no tendrás que esforzarte por ocultar tu situación. En ocasiones, las personas a las que se lo cuentes responderán de una manera poco amable, hiriente o con agresividad. Pero esto probablemente pasa con menor frecuencia de lo que la gente tiende a pensar. La mayoría de las personas con el VIH se encuentran con reacciones positivas al compartir con los demás su condición. Es más fácil que la experiencia de compartir con alguien que tienes el VIH sea positiva si tienes cuidado al escoger a quién se lo explicas y la manera en que lo compartes. Te ofrecemos algunas ideas que a muchas personas con el VIH les han resultado útiles a la hora de comunicar su estado a otros/as.
¿Debería contar que tengo VIH?
Antes de comunicar a alguien tu estado serológico, es recomendable reflexionar sobre los siguientes aspectos:
Por qué quieres decirlo:
Es preferible hacerlo únicamente si estás seguro/a de que va a reportarte algún beneficio (por ejemplo, ayuda o apoyo).
Cómo reaccionará la persona:
Puede que tengas que enfrentarte a sus prejuicios morales o a sus miedos y falsos mitos sobre el VIH o la sexualidad.
Quizá podría resultarte útil como apoyo disponer de folletos informativos acerca de los mecanismos de transmisión del VIH.
Si la persona podrá mantener la confidencialidad:
Es decir, si crees que se lo puede contar a otras personas sin tu permiso. Es una buena idea especificar con claridad a quién se lo pueden decir y a quién no.
Cómo lo vas a contar:
Es una buena idea pensar cómo sacarás el tema de conversación. Tal vez te resulte más fácil hacerlo cuando te sientas preparado/a.
Cuándo lo dirás:
Intenta encontrar el momento más idóneo y el espacio más confortable posible.
Si acabas de recibir el diagnóstico:
Puede que necesites un tiempo para asimilarlo tú mismo/a antes de comunicarlo a otras personas.
Una de las preguntas frecuentes que se hace una persona al recibir el diagnóstico de infección por VIH es a quién y cómo comunicar este diagnóstico. Esta pregunta no acompaña sólo a la persona en los instantes iniciales de afrontamiento de la enfermedad sino que puede surgir en muchos otros momentos, incluso cada vez que alguien significativo emocionalmente llega a la vida de esa persona.
Ocultar la infección a todo el entorno, como alguna persona escoge hacer, puede resultar realmente duro. Diversos estudios clínicos realizados hasta la fecha coinciden en que aquellas personas que viven su infección en el total anonimato tienen mayores problemas emocionales que repercuten negativamente en el cuidado de su salud. Así, compartir el diagnóstico se ha relacionado con un ajuste más favorable a la enfermedad.
Sin embargo, abrir el diagnóstico a otros sigue siendo tarea difícil ya que hablar sobre ello implica que puedan surgir a la luz otros temas como las preferencias sexuales de la persona o la infidelidad en algunos casos, entre otros.
Comunicar el diagnóstico a las demás personas
Ante el escenario de un diagnóstico reciente, es siempre aconsejable que la persona disponga de una educación en salud sobre la infección básica y clara. Eso le permitirá colocarse frente a los otros desde una actitud más serena así como responder las preguntas que puedan surgir sobre su estado de salud y su pronóstico.
Algunas reflexiones útiles para la persona afectada son:
– ¿Por qué quiero informar sobre mi infección por VIH a esa persona?
– ¿Hay beneficios en que se lo diga?
– ¿Es esa persona buena hablando sobre emociones?
– ¿Cómo me gustaría que reaccionara?
– ¿Qué haré si no reacciona de la forma en que me gustaría o espero?
– ¿Puedo confiar en que no lo compartirá con otra persona?
La apertura del diagnóstico puede ser especialmente delicada en el caso de las relaciones parento-filiales. Cuando los hijos e hijas crecen, frecuentemente llega un momento en que los padres y madres han de enfrentar la idea de hablar o no sobre su enfermedad con sus hijos e hijas. En ocasiones, no se revela el diagnóstico pero se envían mensajes encubiertos como dejar botes de medicación o recetas a la vista, ir a la visita médica acompañado de los hijos/as, que sólo sirven para aumentar el desconcierto, y por consiguiente angustia, de los niños/as.
Algunas reflexiones interesantes a hacer en este contexto concreto son:
-¿Has pensado compartir con tu hijo/a tu diagnostico?
-¿Cuánto crees que sabes?
– Estará bien planificar de alguna manera cómo decirlo, aunque no llegues a hacerlo.
– Tu hijo/a podría descubrirlo por accidente, o adivinarlo, o que tú se lo dijeras en algún momento de forma no adecuada a de la que pudieras arrepentirte más tarde.
En este proceso, a menudo los padres y madres necesitan un apoyo adicional y asesoramiento a la hora de hablar con sus hijos/as. El apoyo y la guía deben incluir cómo manejar las preguntas y reacciones de los niños y niñas. En el caso de los niños y niñas infectados/as por transmisión vertical, se recomienda también en la medida posible el acompañamiento en la comunicación del diagnóstico. Para los padres y madres puede suponer un momento de gran dolor ya que a menudo permanecen emociones relacionadas con la culpa. Estudios clínicos muestran los beneficios emocionales y de auto-cuidado de la salud que tiene una apertura temprana del diagnóstico en los niños y niñas afectados/as. Pueden sentirse involucrados de forma activa en el cuidado de salud, construyendo un mayor sentido de independencia y reduciendo el temor y la ansiedad, que muchas veces nace de situaciones ambiguas y poco claras. Los niños y niñas no necesitan conocer muchos detalles ya que pueden sentirse más confundidos. De nuevo, la información recibida ha de ser clara y concisa y debe mantenerse un flujo de comunicación constante ya que las preguntas o preocupaciones pueden ir variando a lo largo del tiempo.
Algunas preguntas frecuentes en los niños y niñas en esta situación son:
-¿Por qué tengo esta enfermedad?
-¿Cuánto tiempo viviré o cuándo voy a morir?
-¿Qué me va a pasar?
-¿Tu también lo tienes?
-¿Por qué lo tienes?
-¿Puedo transmitir el VIH a otras personas?
-¿Puedo explicarlo a mis amigos?
-¿Dejaré de tenerlo algún día?
Si se trata de preadolescentes o adolescentes, hay preocupaciones que pueden resultar especialmente difíciles para los padres y madres, como es el caso de la sexualidad. Pero es importante pensar que se tratará de una gran oportunidad para poder construir unas bases de educación sexual adecuadas.
Por último, también existe el temor de que el niño o niña afectado/a lo cuente a otros. Será fundamental crear un clima abierto y amoroso, que brinde un contexto de apoyo emocional mutuo que permitirá que el niño o la niña puedan explorar y recibir consejo sobre cómo manejar la información recibida.
En resumen, comunicar el diagnóstico de infección por VIH al entorno social y afectivo continúa siendo difícil a pesar de los cambios que han sucedido en el manejo clínico de la enfermedad. Las ideas preconcebidas, el temor al rechazo, entre otros, dificultan esa apertura. No obstante, el reconocimiento de la enfermedad frente al entorno emocionalmente significativo lleva implícito beneficios emocionales reconocidos.
Recibir el diagnóstico de una enfermedad crónica nunca resulta fácil. Afortunadamente, recibir hoy el diagnóstico de infección por VIH dista mucho de lo que era hace apenas unos años. Los temores relacionados con el pronóstico y la salud física se han disipado gracias a la eficacia de los fármacos antirretrovirales. Sin embargo, vivir con la infección es aún muy difícil si se contempla desde la perspectiva relacional. Todavía son muchas las personas que se mueven en un entorno social y afectivo donde la enfermedad permanece oculta para casi todos y donde el principal temor a la apertura del diagnóstico es el rechazo de los demás. El estigma de la propia persona afectada y del entorno (desarrollado en otro capítulo de esta guía) es el principal motor de la ocultación. Vivir la enfermedad a solas implica en muchas ocasiones una sensación interna de soledad emocional y puede conllevar importantes síntomas de ansiedad y depresión. Por el contrario, la apertura del diagnóstico se ha relacionado con un mejor cuidado de salud y un estado emocional más saludable.
Lecturas recomendadas
Alcaraz C, Clotet A, Clotet B (2006). Más vidas. Fundació Lluita contra la Sida.
Apezteguía F (2006). Ahora que te tengo, Sida en España 1997-2006, años de esperanza. Fundación Wellcome, Madrid.
CESIDA (2007). 25 historias, 25 vidas.Madrid.
Solís A, Cabrera G, Luna A, et al. Guia para enfrentar el estigma interno , México.
Más información en INFOSIDA.
Fuente: Infosida.

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