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lunes, 21 de septiembre de 2020

Un tercio de las personas con VIH no han sido informadas por su médico de que Indetectable es igual a Intransmisible.


Transmitir a los pacientes dicho mensaje en la consulta se relaciona con mejores resultados en salud

Según los resultados de una encuesta internacional realizada en países de ingresos medianos y altos a personas con el VIH que están tomando tratamiento antirretroviral, una tercera parte de los encuestados nunca había mantenido una conversación con su médico en la que este le informase del mensaje ‘indetectable es igual a intransmisible’ (I=I). Los resultados de la encuesta han sido publicados en la revista Sexually Transmitted Infections y muestran que transmitir a los pacientes el mensaje I=I en la consulta se relaciona con mejores resultados en salud, como, por ejemplo, una mejor adherencia al tratamiento o sentirse más cómodo a la hora de revelar el estado serológico al VIH.

A lo largo de la última década varios estudios, entre los que se incluyen el PARTNER 1 y 2 (véanse La Noticia del Día 15/07/2016 y La Noticia del Día 27/04/2018) han confirmado de forma rotunda que una persona con el VIH en tratamiento antirretroviral y con la carga viral indetectable no transmite el VIH a su pareja o parejas sexuales. El mensaje de I=I supone un incentivo para que las personas con el VIH quieran iniciar y mantener la adherencia al tratamiento, lo que se traduce en beneficios para la salud individual y poblacional. Poco a poco, con los años, asociaciones de pacientes, organizaciones internacionales y países se han ido acogiendo a este mensaje transmitiéndolo por varias vías (véase La Noticia del Día 23/07/20). Sin embargo, no todos médicos del VIH y profesionales sanitarios se atreven en la actualidad a mantener una conversación con sus pacientes sobre este importante mensaje y sus implicaciones a todos los niveles.

Para averiguar qué información disponen las personas con el VIH y de dónde la reciben, los investigadores inscribieron a 2.389 participantes de los cuales el 29% eran mujeres, el 29% eran mayores de 50 años y el 23% eran personas que habían recibido su diagnóstico en los dos años anteriores. Al ser una muestra de conveniencia, los participantes de este estudio no representan la amplia población de personas con el VIH, siendo aquellos que disponen de más información los que tuvieron más probabilidades de ser inscritos en este estudio,

El 47% de los encuestados residían en 25 países de Europa, el 22% en América del Norte, un 9,6% en Asia, un 9,3% en América Latina, un 7,5% en Sudáfrica y un 5% de Australia. Las edades de los participantes oscilaban entre los treinta y cuarenta años. Tres cuartas partes tenían una formación universitaria.

Por lo que respecta a la fuente que les informó sobre el mensaje I=I, el 66,5% de los participantes indicaron haberlo hecho a través de su médico mientras que el 21,1% se había informado por otra fuente. El resto, el 12,3%, desconocía el mensaje. No se encontró variación en estas repuestas según la edad o el año del diagnóstico. Dentro del grupo que tenían educación secundaria, el 73% si había mantenido una conversación con su médico sobre I=I mientras que el porcentaje disminuía a 63% entre aquellas personas con educación universitaria. Por otro lado, en cuanto a la orientación sexual, los hombres gais o bisexuales tuvieron más probabilidades de haber hablado con sus médicos del mensaje I=I que los hombres y mujeres heterosexuales (71%, 58% y 65%, respectivamente). Las personas que mantenían sexo ocasional eran más conscientes de este mensaje (75%) que otras personas.

Al desagregar los resultados por países, se pudo observar que en China, Japón, Corea del Sur y Taiwán el 51% de las personas habían hablado de I=I con sus médicos. Un porcentaje mayor (61%) se obtuvo en países de América Latina como Argentina, Brasil, Chile y México. Los países en los que se registró un mayor número de personas que habían hablado del mensaje I=I con sus médicos fueron Australia (80%), Austria (84%) y Suiza (87%).

Hablar con el médico sobre el mensaje I=I se relacionó también con otros indicadores de salud. En este sentido, siete de cada diez participantes que habían recibido dicho mensaje comentaron que sus médicos los involucraban de forma activa en la toma de decisiones médicas sobre el tratamiento, se interesaban por lo potenciales efectos de la medicación que estaban tomando o les explicaban las nuevas opciones de tratamiento disponibles o futuras.

Por otro lado, se detectaron relaciones sólidas entre hablar sobre el mensaje I=I con el médico y otros resultados de salud favorables. Si la información procedía de otras fuentes, estas relaciones no se mostraron tan sólidas.

Al ser una encuesta transversal, los hallazgos fueron asociaciones más que efectos causales. El 77% que era conocedor del mensaje I=I mantenían la carga viral indetectable mientras que entre aquellos que no lo conocían, dicho porcentaje descendía a un 56%. Esto podría ser debido a que los pacientes que reciben dicha información estarían más motivados a adherirse a sus tratamientos. Del mismo modo, la relación podría ser al revés: algunos médicos solo podrían optar por discutir el mensaje I=I una vez que la carga viral del paciente hubiese alcanzado la indetectabilidad.

El estudio halló una adherencia subóptima al tratamiento en un 35% de los participantes que desconocían el mensaje, en un 29% de los que habían conocido el mensaje a través de otra fuente y en un 20% de aquellos lo conocían a través de su médico.

Al pedirles a los participantes que calificaran en una escala de cinco puntos su estado de salud, el 65% de los que habían hablado sobre I=I con sus médicos indicaron que era “bueno” o “muy bueno”. Este porcentaje descendió a un 55% en los participantes en los que el mensaje I=I lo conocieron a través de otras fuentes y a un 45% en aquellas personas que lo desconocían. Esta relación se mantuvo también al preguntarles por su grado de comodidad a la hora de hablar con sus médicos sobre sus preocupaciones sobre la transmisión del VIH (66%, 55% y 36%, respectivamente).

Los encuestados también fueron preguntados por su comodidad para revelar su estado serológico. El porcentaje más elevado (33%) de personas que indicaron sentirse más cómodos para hacerlo fue el de aquellas que habían hablado con sus médicos sobre I=I con un 33%. Los seguían el 27% de aquellos que conocían el mensaje a través de otras fuentes y, por último, el 20% de los que desconocían I=I. Por el contrario, el 67% de este último grupo habían escondido o disimulado su medicación antirretroviral en los últimos meses, reduciéndose al 61% entre los que su fuente de información eran otra distinta a su médico y al 55% entre los que si procedía de su proveedor.

Un editorial que acompaña al artículo dos médicos del VIH señalan que mantener conversaciones actualizadas sobre el mensaje de I=I ayudan a eliminar actitudes estigmatizantes que son perjudiciales directamente para la salud del paciente. Estas discusiones deben estar libre de prejuicios y estereotipos para que la persona con el se sienta cómoda a la hora de hablar sobre sus inquietudes y poder mantener una mejor adherencia al tratamiento antirretroviral. En este sentido, piden que las guías clínicas del VIH recomienden incluir el mensaje I=I en la educación al paciente, creando herramientas concretas que podrían facilitar la conversación en la consulta y generando una mayor concienciación social a través de mensajes de salud pública.

Fuente:AIDSMAP / (gTt-VIH)

Referencias: Okoli C et al. Undetectable equals untransmittable (U = U): awareness and associations with health outcomes among people living with HIV in 25 countries. Sexually Transmitted Infections.

Calabrese SK & Mayer KH. Stigma impedes HIV prevention by stifling patient–provider communication about U = U. Journal of the Interanational AIDS Society 23: e25559, 2020.

miércoles, 26 de agosto de 2020

El estigma impide la prevención del VIH al sofocar la comunicación entre el paciente y el proveedor sobre U = U. Sarah K Calabrese, Kenneth H. Mayer. Publicado por primera vez: 19 julio 2020. https://doi.org/10.1002/jia2.25559

 El éxito de las estrategias de control del VIH en todo el mundo depende de la implementación de los últimos avances en la ciencia del VIH por parte de las partes interesadas. Sin embargo, la adopción por parte de los profesionales de la salud de los avances científicos recientes relacionados con el VIH en la práctica clínica ha sido variable. Ha habido un desafío notable en torno a la comunicación constante del descubrimiento de que la supresión viral sostenida elimina el riesgo de transmisión sexual (indetectable = intransmisible, (U = U)) a los pacientes. La falta de incorporación rutinaria de la educación del paciente U = U en la práctica clínica es peculiar porque el mensaje U = U se alinea con los objetivos del tratamiento. Además, es responsabilidad profesional de los proveedores informar a los pacientes sobre los riesgos y beneficios del tratamiento. Entonces, ¿por qué no ocurren estas conversaciones? Aunque existen múltiples factores que contribuyen,1 ] - podría ser una razón clave que subyace a la falta de educación constante del paciente U = U.

Las primeras investigaciones que investigan las perspectivas y experiencias de los proveedores en torno a U = U [ 2 - 5 ] sugieren varias razones por las que es posible que no se estén comunicando sobre U = U con los pacientes: falta de conocimiento; incredulidad (a pesar de la evidencia sólida que demuestra que la supresión virológica previene la transmisión sexual [ 6 , 7 ]); y preocupaciones sobre la compensación del riesgo sexual [ 2 - 4 ]. Los proveedores también han expresado temor a ser culpados si la transmisión ocurriera después de haber informado a los pacientes sobre U = U [ 2 , 3]. Cuando se produce una comunicación sobre la supresión viral y el riesgo, algunos proveedores son inconsistentes y / o poco claros, y continúan usando un lenguaje como "extremadamente bajo" o "insignificante" (en lugar de "no" o "cero") para describir el riesgo de transmisión, o calificar incorrectamente U = U como aplicable solo en el contexto del uso del condón [ 2 , 5 ]. Retener la educación del paciente en torno a U = U o moderar el mensaje para prevenir comportamientos no deseados no es médicamente justificable. Además, la decisión de retener o modificar los mensajes U = U podría verse influenciada por el estigma hacia los pacientes.

El estigma puede operar a niveles consciente (explícito) e inconsciente (implícito) [ 8 ]. Sin embargo, estos dos niveles de estigma no están fuertemente correlacionados [ 8 ], lo que sugiere que los proveedores que no respaldan conscientemente el estigma pueden, no obstante, albergar tales actitudes en un nivel inconsciente. Se ha descubierto que el estigma implícito en particular impacta las interacciones entre el paciente y el proveedor: los proveedores con un mayor estigma implícito dominan verbalmente las conversaciones y están menos centrados en el paciente [ 9 ], lo que podría comprometer la comunicación en torno a U = U.

La naturaleza discrecional de la comunicación U = U aumenta su susceptibilidad al estigma. En la actualidad, están surgiendo estándares que establecen la educación del paciente sobre U = U como parte de la atención de rutina. En diciembre de 2019, el gobierno de EE. UU. Agregó una recomendación para educar universalmente a los pacientes con VIH sobre U = U en sus pautas de tratamiento antirretroviral [ 10 ]. Asimismo, la OMS sugirió en sus pautas de servicios de pruebas del VIH de noviembre de 2019 que, en el momento del diagnóstico, los proveedores deben informar a los pacientes que “las personas con VIH en [terapia antirretroviral] que logran y mantienen la supresión viral no pueden transmitir el VIH a sus parejas” [ 11]. Sin embargo, en muchos centros clínicos, los estándares y pautas que rodean a U = U pueden estar ausentes o carecer de especificidad, lo que dificulta la educación rutinaria del paciente sobre U = U.Además, en tales circunstancias, si, cómo y a quién educar sobre U = U es comúnmente basado en la discreción de los proveedores, lo cual es problemático porque es más probable que el estigma se manifieste en entornos con normas ambiguas y / o protocolos flexibles [ 12 ].

No es sólo la naturaleza discrecional de la educación U = U como actividad clínica lo que la hace vulnerable al estigma; también son las poblaciones de pacientes afectadas y los comportamientos asociados con la transmisión del VIH los que pueden ser estigmatizados en sí mismos. En todo el mundo, las personas que viven con el VIH han sido maltratadas en la atención sanitaria, y se enfrentan a proveedores que se niegan a tratar o proporcionar un tratamiento deficiente [ 9 , 13 ]. Esto es coherente con las actitudes estigmatizantes hacia los pacientes con VIH que los proveedores han respaldado, incluidos los estereotipos relacionados con la irresponsabilidad sexual [ 13 ]. Dadas las preocupaciones relacionadas con la compensación del riesgo que los proveedores han informado como razones para no discutir U = U [ 2], estas nociones preconcebidas sobre los pacientes que viven con el VIH pueden reforzar las preocupaciones existentes y potenciar el estigma. Las personas que viven con el VIH que tienen otros estados de marginación interseccional (por ejemplo, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres o personas que se inyectan drogas) pueden ser más propensas a ser estereotipadas como irresponsables o en riesgo, lo que exacerba aún más las preocupaciones de los proveedores sobre las consecuencias de U = U discusiones y alimentando disparidades.

El estigma interseccional también puede comprometer la educación U = U porque la educación U = U requiere la comunicación entre el paciente y el proveedor sobre el sexo, y los proveedores se sienten menos cómodos discutiendo el comportamiento sexual con algunos grupos (por ejemplo, minorías sexuales y / o individuos que no se ajustan al género) que otros (por ejemplo, individuos heterosexuales, cisgénero) [ 14 ]. La incomodidad al hablar de sexo con ciertos pacientes puede traducirse en una comunicación menos consistente del mensaje U = U a esas poblaciones en particular. Asimismo, ciertos grupos estigmatizados, como los hombres afroamericanos que tienen relaciones sexuales con hombres, pueden sentirse menos cómodos al iniciar conversaciones sobre su salud sexual con sus proveedores debido al estigma anticipado [ 15] y por lo tanto más dependiente de los proveedores para iniciar discusiones sobre la transmisión del VIH durante las relaciones sexuales.

Es importante destacar que el estigma puede manifestarse como una toma de decisiones razonada [ 9 ]. Por ejemplo, las preocupaciones sobre la compensación del riesgo pueden expresarse como una consideración genuina por el bienestar de los pacientes. Sin embargo, es probable que esa lógica tenga sus raíces en los estereotipos más que en la ciencia, como lo demuestra su inaplicabilidad en otros contextos médicos. Por ejemplo, educar a los pacientes sobre los beneficios de los medicamentos anticonceptivos o para la disfunción eréctil podría conducir a una compensación del riesgo sexual entre los pacientes que eligen tomar dichos medicamentos; sin embargo, estos beneficios se comunican de manera rutinaria.

Hay varias estrategias que pueden ayudar a abordar las inconsistencias existentes y las posibles disparidades en la entrega de educación U = U por parte de los proveedores (Tabla 1). Establecer la educación universal del paciente U = U en las pautas normativas, incorporar U = U en la educación clínica para todos los proveedores de servicios de VIH, facilitar las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U con herramientas concretas y ampliar la conciencia pública a través de mensajes de salud pública podrían promover un cambio positivo . Esta última estrategia también es vital porque algunos grupos estigmatizados enfrentan barreras a la atención médica que les impiden aprender sobre U = U de los proveedores. Se necesitan más investigaciones para evaluar el impacto del estigma del proveedor, evaluar las intervenciones adaptadas a la cultura y, en última instancia, optimizar la comunicación U = U entre pacientes y proveedores. Sin embargo,

Tabla 1. Estrategias recomendadas para fomentar la educación universal del paciente U = U
EstrategiaDescripción / justificación
1Establecer la educación universal del paciente U = U en las pautas normativas que dicten la práctica clínica
  • La educación universal del paciente U = U debe ser respaldada por organizaciones federales y profesionales en todo el mundo y defendida en los protocolos y expectativas de los centros clínicos.
  • Por ejemplo, de acuerdo con las pautas de 2019 del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., "Todas las personas con VIH deben ser informadas de que mantener un ARN del VIH en plasma (carga viral) <200 copias / ml ... evita la transmisión sexual del VIH a sus parejas" [ 10 ]
  • El establecimiento de tal estándar refuerza la educación del paciente U = U como una responsabilidad profesional y designa la falta de comunicación U = U con los pacientes, incluso si no es una omisión intencional, como atención deficiente.
2Incorporar U = U en la educación clínica para todos los proveedores de servicios de VIH
  • U = U debe incorporarse en la educación clínica en todos los niveles, incluidos los planes de estudio de las escuelas de medicina y enfermería, los exámenes de certificación de la junta, la educación continua y las capacitaciones clínicas requeridas.
  • Los proveedores deben estar informados sobre: ​​la evidencia científica para U = U, las implicaciones médicas y psicosociales de U = U para los pacientes, la importancia de un enfoque universalizado frente a un enfoque selectivo para educar a los pacientes sobre U = U, y por qué temores de compensación de riesgo o la culpa no son razones médicamente justificables para retener información sobre U = U
  • Se necesita una educación clínica generalizada U = U en todas las disciplinas de los proveedores de servicios del VIH porque la educación del paciente es una responsabilidad compartida entre los proveedores de servicios del VIH, y un paciente determinado puede entrar en contacto con algunos tipos de proveedores de servicios del VIH y no con otros.
  • La educación del proveedor sobre U = U es esencial porque la falta de conocimiento y la incredulidad se encuentran entre las razones identificadas por las que los proveedores no informan a sus pacientes sobre U = U [ 2 , 4 ]
3Facilite las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U con herramientas concretas
  • A los proveedores se les puede ofrecer un lenguaje escrito con respaldo empírico para ayudar a explicar el concepto de U = U
  • Las indicaciones se pueden utilizar para indicar conversaciones sobre U = U, como emparejar recordatorios emergentes con resultados de laboratorio de carga viral dentro de los sistemas de registros médicos electrónicos
  • Los folletos informativos, los videos de circuito cerrado de salas de espera y otros materiales educativos dirigidos al paciente pueden estimular y reforzar aún más las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U
4Ampliar la conciencia pública mediante mensajes de salud pública
  • La educación pública puede alentar las conversaciones iniciadas por el paciente entre las personas que viven con el VIH y que ya reciben atención.
  • El aumento del conocimiento público sobre U = U puede promover la búsqueda de atención médica entre las personas que viven con el VIH y que no han sido diagnosticadas o tratadas; los nuevos pacientes presentan nuevas oportunidades para la comunicación entre el paciente y el proveedor sobre U = U
  • Más allá de las implicaciones para la atención médica, la educación pública también es vital porque ciertos grupos estigmatizados, en particular aquellos que enfrentan formas interseccionales de estigma, pueden enfrentar barreras a la atención médica que les impiden aprender sobre U = U de los proveedores

CONFLICTO DE INTERESES

SKC recibió apoyo parcial de Gilead Sciences para asistir a una conferencia de investigación. KHM ha realizado investigaciones con el apoyo de proyectos sin restricciones de Gilead Sciences y ViiV Healthcare.

CONTRIBUCIONES DE LOS AUTORES

SKC lideró la conceptualización y redacción del punto de vista con aportes significativos de KHM. Ambos autores han leído y aprobado el manuscrito final.

AGRADECIMIENTOS

Ninguno declarado.

FONDOS

Ninguno declarado.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD

Ninguno declarado.

Fuente: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/jia2.25559

viernes, 1 de mayo de 2020

Existe el riesgo de que la pandemia de COVID-19 pueda provocar un aumento de las tasas de VIH y otras ITS.

Los gobiernos están dedicando gran parte de los recursos sanitarios a la respuesta a la COVID-19, lo que afecta a otros servicios, como los programas de salud sexual.
La respuesta a la pandemia provocada por el SARS-CoV2, coronavirus causante de la COVID-19 (acrónimo en inglés de enfermedad por coronavirus 2019) está teniendo un gran efecto sobre distintos aspectos de nuestras vidas. En EE UU, un grupo de investigadores señala que también podría traer consigo un aumento de las tasas de infecciones de transmisión sexual (ITS) y un retroceso en la lucha contra el VIH debido a que los recursos de salud pública están centrados en la contención del coronavirus. En este mismo sentido, una encuesta realizada entre el personal sanitario en Reino Unido advierte que los servicios de salud sexual se están viendo afectados por la COVID-19 y un gran porcentaje de los médicos afirma que se ha reducido en más de un 80% la capacidad de atender a las personas de forma presencial.
A medida que los departamentos de salud locales en EE UU reorganizan los recursos para atender a la COVID-19, el acceso a los servicios de pruebas y tratamiento de ITS y VIH están disminuyendo y las clínicas reducen las horas o cierran completamente y cancelan algunos de sus programas. Además, estos recursos ya habían sufrido un recorte durante la recesión del año 2008. Hay que señalar que, en EE UU, el VIH y las ITS afectan de manera desproporcionada a la población de hombres negros, en particular a los hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres (GBHSH).
Gran parte de los 2.200 especialistas que trabajan atendiendo las ITS y otras enfermedades infecciosas están siendo reasignados a la respuesta frente a la COVID-19. Entre las actividades que realizan dichos especialistas está el ponerse en contacto con personas que han dado positivo en las pruebas de ITS o VIH, asegurarse de que estén recibiendo tratamiento y realizar entrevistas confidenciales sobre sus contactos sexuales para asegurarse de que esas personas también reciben pruebas y tratamiento. Esto hace que las clínicas reduzcan sus horarios de atención y limitando las citas, reduciendo o suspendiendo sus servicios. Incluso algunas de estas clínicas han cerrado.
En consecuencia, las personas se quedan sin poder acceder a los servicios, por lo que en ocasiones sus infecciones no se tratan. Esto aumenta el riesgo de que aumente la tasa de transmisión de ITS, incluyendo el VIH, ya que si las personas no saben que tienen una ITS o el VIH pueden desarrollar complicaciones de salud y aumenta el riesgo de que las transmitan a sus parejas sexuales.
Por su parte, en Reino Unido los servicios de atención en persona dirigidos a pacientes que necesitan pruebas y tratamientos para las ITS, anticonceptivos y pruebas de VIH y la profilaxis preexposición (PrEP) se han reducido drásticamente , teniendo en cuenta que se ha cerrado el 54% de las clínicas de salud sexual y la dotación de personal es menos de la mitad de lo que era a principios de marzo. La Asociación Británica sobre la Salud Sexual y el VIH (BASHH, en sus siglas en inglés) ha realizado un sondeo entre el personal sanitario para conocer su perspectiva al respecto. En total, 196 personas miembros de BASHH (incluyendo personal médico, de enfermería, farmacéutico y otros) respondieron a la encuesta entre el 7 y el 17 de abril.
El 53% de las personas encuestadas afirmó que estaban realizando menos del 20% de sus citas en persona previas a la COVID. En cuanto a los servicios específicos del VIH, más de la mitad declaró que se había producido una reducción de más del 80% en el número de citas y el 35%, una reducción superior al 90%. Las personas encuestadas declararon que el 48% de su personal seguía en servicio; el 38% había sido reasignado a la atención de la COVID-19; y el 17% estaba confinado en casa, o enfermo.
A pesar de que un número importante de la medicación para las ITS (55%) y para el VIH (59%) se envía por correo, los servicios de mensajería no han crecido mucho para adecuarse a las necesidades. En algunos casos, los retrasos logísticos o burocráticos locales han hecho que las personas tengan que seguir recogiendo medicamentos o recetas en la propia clínica.
El 99% de las clínicas realiza una preselección telefónica para restringir la asistencia en persona a las citas relacionadas con las ITS y en el 92% se hace lo mismo con las citas para el VIH. Para compensar esto, muchas clínicas están aumentado los servicios de evaluación y prueba on-line y por correo. Así, el 77% están enviando pruebas de ITS a casa, así como el 67% envía pruebas de VIH a domicilio. Además, el 35% realizan evaluaciones on-line para el tratamiento de las ITS.
No obstante, algunos servicios es preciso realizarlos en persona, y las clínicas los estaban manteniendo, especialmente los dirigidos a poblaciones vulnerables, como las personas usuarias de drogas y las que tienen problemas de salud mental, aunque la mayor parte del counselling y las sesiones de psicoterapia se han realizado de forma virtual.
A pesar de los esfuerzos por mantener los servicios y la atención, la encuesta reveló que apenas el 13% de las clínicas seguía ofreciendo vacunas de rutina, solo el 14% ofrecía anticonceptivos de acción prolongada distintos a Depo-Provera y únicamente dos tercios ofrecían la profilaxis preexposición al VIH o dispositivos intrauterinos como anticonceptivos de emergencia.
En España, los centros de atención de ITS también han modificado su operatividad y han adoptado protocolos especiales para atender a los pacientes reduciendo al máximo los riesgos. Estas modificaciones podrían incluir la atención telefónica o por internet, posponer citas médicas y cribados rutinarios y atender únicamente a los casos urgentes de personas que presentan síntomas de ITS. Algunos de los centros de PrEP han tenido que interrumpir sus programas por la reubicación de los profesionales sanitarios a otras áreas hospitalarias dedicadas a la atención de pacientes con COVID-19. Otros centros de PrEP en España han seguido atendiendo solo a los usuarios en seguimiento por teléfono o internet y enviándoles la medicación por mensajería y han interrumpido la incorporación de nuevos usuarios a estos programas.
Fuente: Aidsmap/The Hill.com/( gTt-VIH )
Referencias: BASHH COVID-19 Sexual Health ‘Clinical Thermometer’ SurveyInitial Results Snapshot. https://members.bashh.org/Documents/COVID-19/BASHH%20COVID-19%20Clinical%20Thermometer%20Survey%20-%20First%20Round%20Results%20Snapshot%20.pdf

miércoles, 13 de noviembre de 2019

“Si se hace bien, la PrEP puede atraer al SNS a personas con prácticas de riesgo”.

Entrevista de Con Salud a Ramón Bilbao, presidente de CESIDA.
“Ha costado. Pero este es sólo el primer paso. Ahora toca ponerla en marcha, que va a ser lo más complicado, y hacerlo bien”. Estas declaraciones resumen bien el esfuerzo y la presión realizada en los últimos años por organizaciones sanitarias y asociaciones de pacientes para que el Sistema Nacional de Salud (SNS), mediante la intervención del Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, procediera a indicar la profilaxis pre-exposición (PrEP), medicamento recomendado para reducir el riesgo de adquirir infección por VIH. Para valorar qué supone la financiación de esta indicación, que se inició oficialmente este viernes 1 de noviembre, ConSalud.es ha entrevistado a Ramón Espaciopresidente de la Coordinadora Estatal de VIH y sida (Cesida).
¿Esto significa que desde este mismo viernes se podrá dispensar la PrEP en los servicios de farmacia hospitalaria y los centros autorizados?
Suponemos que llevará unos días porque se tendrá que adaptar a las comunidades autónomas. Lo que sabemos es que este medicamento entra en el nomenclátor y a partir de ahí las comunidades autónomas tienen un tiempo para incluirlo en los suyos para que se pueda prescribir en la indicación de PrEP. No sé los plazos que lleva adaptarlo dentro de los sistemas de prescripción informáticos de las comunidades autónomas pero en principio no puede tardar mucho.
¿Haría falta adaptarlo a unos indicadores concretos de cada región?
Se está trabajando en los desarrollos de los circuitos de dispensación. Ahora lo que está aprobado es la dispensación en el entorno hospitalario pero también se permite en los centros autorizados. Estos centros deberán cumplir los requisitos que hay. Pueden ser oficinas de farmacia, centros ITS, centros de diagnóstico de VIH, algún centro de salud de Primaria. Esto se tendrá que trabajar desde las comunidades. Esto es solo un primer paso, pero hay que saber cómo implementarlo. Nuestra visión es que dependiendo de las realidades asistenciales de cada autonomía, de la demanda real que vaya a haber y de los dispositivos de los que disponga el sanitario, habrá que adaptarlo para que sea un circuito sencillo.
A partir de ahora, ¿cómo será el proceso para que un paciente de riesgo pueda usar el tratamiento?
Esto dependerá bastante de los circuitos que se establezcan. Pero en un principio, se accederá a las unidades de Medicina Interna y de Enfermedades Infecciosas, aunque podría variar en los próximos días, mediante un médico de Atención Primaria o una derivación directa de otro servicio. Cuando se evalúe al paciente, se le hagan las pruebas pertinentes y se cumplan los criterios, podrá acceder a ello y se le dispensará en el hospital. Pero estamos ante algo prematuro que está por definir y no tenemos una información detallada de cuál va a ser el circuito específico de cada sitio.
¿Estáis de acuerdo con los grupos de riesgo y los criterios establecidos por el Ministerio de Sanidad para que pueda accederse a la PrEP?
Creemos que estos criterios habrá que evaluarlos a medio plazo y definirlos. En principio, se trata de la indicación terapéutica de la ficha técnica del fármaco, que es para población en alto riesgo de adquirir el VIH. Es evidente que en nuestro país, los criterios se acercan a cuál es la realidad epidemiológica. Pero, probablemente, esperemos que en el futuro sean mejorables para que se adapten de forma más individualizada al riesgo que tiene una persona de adquirir VIH, independientemente de su orientación sexual o de lo que fuera. Tiene que ver más con el riesgo real que esta persona tiene.
Ahora la principal tarea en la que tenemos que trabajar es en establecer unos circuitos de dispensación que realmente lo hagan fácil. No es simplemente dar una pastilla, hay que hacer una intervención psicosocial, evaluar el riesgo, ver la situación personal de cada uno, dar apoyo psicológico y que no sea excesivamente complicado para el usuario, porque requiere de controles trimestrales. Estamos trabajando para facilitar que esto tenga el impacto necesario en la salud pública y en la distribución de los diagnósticos.
¿Sobre qué precio podría costar al Sistema Nacional de Salud cada tratamiento?
Lo que sabemos es que es un precio muy económico, similar al que se está consiguiendo por las vías irregulares.
Después de haber alcanzado este paso, ¿qué es lo más urgente que se debe abordar?
Insisto en que se deben establecer unos circuitos de dispensación eficaces, ágiles, que faciliten el acceso a las personas. Y que más allá de la intervención médica, se aborde la realidad y todos los problemas de salud sexual. Siempre hemos defendido que la PrEP es una estrategia más de todas las que tenemos, que básicamente siguen siendo el uso del preservativo, el diagnóstico temprano de la infección, el tratamiento de las personas con VIH, el control de las ITS. Creemos que si se hacen las cosas bien, la PrEP puede vehiculizar todo esto y atraer al sistema sanitario a personas con prácticas de riesgo. Si estas personas, que no suelen venir, acuden pues diagnosticaremos a más gente; si hay ITS las diagnosticaremos antes; y podremos hacer una intervención más global sobre asuntos colaterales como la salud mental, etc. Creemos que la PrEP va a servir como catalizador de toda la respuesta que necesitamos, diagnosticar pronto o tratar a todo el mundo con VIH para romper con la cadena de transmisión.
Tras todo el esfuerzo, imagino que la valoración final será positiva ¿no?
Nuestra valoración es que este es el primer paso. Ha costado y ahora toca ponerlo en marcha, que va a ser lo más complicado. Pero por fin España puede ponerse al nivel de los países europeos del entorno en los que esta medida estaba disponible ya. Seguiremos presionando para que no nos quedemos atrás. Ya la tenemos y ahora toca hacerlo bien.
FUENTE: Con Salud. 

lunes, 29 de abril de 2019

Retratos del VIH.

 Un par de entrevistas muy interesantes a personas con VIH y qué significa para ell@s.

Vivir con VIH hoy en día me supone poca cosa, porque se me ha olvidado que lo tengo. Sólo lo pienso si viene alguien a recordármelo. Me tomo una pastilla cada día a la misma hora, pero se ha vuelto algo mecánico”, explica Ander Pazos. Hace ya diez años que este vecino de Barcelona supo que era seropositivo y, aunque al principio tuvo pensamientos como “ya sé de qué me voy a morir”, ahora confiesa que le causan risa: “Tengo claro que me moriré de viejo pero no sé si eso estará asociado al VIH o no”.

Pazos es una de las 145.000 personas de España que viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), según los últimos datos que el ministerio de Sanidad publicó en 2017. Otro informe de hace justo un mes ha revelado que durante los primeros seis meses del año pasado se detectaron 3.381 nuevos diagnósticos, el 54,3% de los cuales se dieron en hombres que tienen sexo con otros hombres. A la espera de una cifra actualizada, Sanidad remarcó también que el 47,8% de los nuevos casos fueron diagnósticos tardíos; justo lo que organizaciones y autoridades quieren evitar, ya que un diagnóstico temprano ayuda a romper la cadena de transmisión y facilita la prevención.
Eso fue lo que le sucedió a Jon Barousse, un actor mexicano que lleva 9 años viviendo en Barcelona: “Empecé a sentirme mal físicamente, empecé a tener sudores por la noche, después me enteré que la infección tenía ya entre 5 y 7 años y, claro, yo nunca me había hecho una prueba. Cuando me lo detectaron, tenía las defensas muy bajas”. Barousse cuenta que durante años lo “ocultó” a su familia por miedo. “Imagina mi situación: yo aquí soy inmigrante, algunas personas nos llaman ‘sudacas’, maricón y con VIH. Un triple estigma”, explica el joven mexicano.

"Yo me enteré en 1987. Estaba embarazada de tres meses. Me dijeron 'tienes sida, te vas a morir, tienes que abortar'. Y aborté. No quería pero tenía mucho miedo".

Para Pazos, que trabaja en la ONG Gais Positius, lidiar con los prejuicios de los demás también fue lo más difícil: “Sólo se responsabiliza al que tiene VIH y, en el sexo, la responsabilidad es compartida. Si yo me infecté es porque los dos hicimos algo, y al hablar de VIH no hay ni culpables ni inocentes”.

Las mujeres, el rostro invisible del VIH

Ahora, gracias a la efectiva medicación, una persona seropositiva con la carga viral indetectable no transmite el virus, tal y como han confirmado los estudios internacionales Partner-1 y Partner-2 realizado en parejas serodiscordantes. Sin embargo, este hito parecía algo impensable hace 30 años cuando a María Nadal y a Dominique Cubells les dieron la noticia de que eran VIH positivas.
“Yo me enteré en 1987. Por aquel entonces tenía 27 años. Estaba embarazada de tres meses, de mi segundo hijo, y fue duro porque una visita al médico me cambió la vida. Me dijeron ‘tienes sida, te vas a morir, tienes seis meses de vida, tienes que abortar’. Y tuve que abortar. Yo no quería, pero tenía mucho miedo”, recuerda Nadal que recibió el diagnóstico en una época en la que tener sida significaba una sentencia de muerte.
El mismo año en el que descubrió su estado serológico, se aprobó el uso de la AZT para personas con VIH, un fármaco con unos efectos secundarios corrosivos y a menudo mortales. Dominique Cubells llegó a tomar este fármaco: “Todos los ensayos clínicos se hacían con hombres y nos daban a misma medicación que a ellos, con lo cual, los efectos secundarios en nosotras eran el doble”, recala Nadal.

Supervivientes de una epidemia mundial

El mensaje que se dio en los medios de comunicación es que el sida era una enfermedad de putas, yonquis y maricones; y ese mensaje [a las mujeres] nos hizo mucho daño. Ya no es así, pero tampoco se ha desmentido”, incide Dominique, que rememora como los centros sanitarios marcaban con un círculo rojo los partes médicos de las personas con VIH.
Nadal apunta que cuando empezaron a conocerse casos de VIH en mujeres, en seguida saltó el discurso religioso a decir “que eso era un castigo de Dios para las mujeres malas”. “En plenos 80 si tenías VIH era o porque has sido puta”, matiza Nadal, “o toxicómana”, remata Cubells. La catalana relata una vez en la que fue a hacerse una prueba: “La enfermera que trabaja allí me dijo ‘estás divina, con lo guapa que eres, ¿te pinchabas?’. Me sentí tan vulnerable con medio cuerpo desnudo… Me hubiera gustado haberle dicho ‘¿a ti qué coño te importa?’”.

"Que no me digan que estamos igual que una persona que acaba de recibir el diagnóstico o que no tiene VIH. Vivimos con el virus desde hace 30 años, llevamos años medicándonos y trabajando como si nada. No es lo mismo. Somo unas supervivientes.


“Hay muchas mujeres que no hemos sido madres porque cuando te daban el diagnóstico te decían que no podías tener hijos. Había mujeres a las que se las vaciaba para que no fueran madres”, relata Cubells, que ahora tiene 53 años. Nadal recuerda con pena que tuvo que esconderse y dejar de ser visible durante unos años para evitar que su hija pequeña “no sufriera discriminación”.
Mirando el tiempo que ha pasado, Cubells tiene claro en qué punto se encuentran: “A mí que no me digan que estamos igual que una persona que acaba de recibir el diagnóstico o que no tiene VIH. Somos mujeres que hemos sido diagnosticadas hace tres décadas, hemos tomado medicación muchos años con efectos físicos y psicológicos, hemos seguido trabajando como si no pasara nada. ¿Cómo vamos a estar igual con toda esta carga? No es lo mismo. Somos unas supervivientes”.

Tuitear que tienes VIH

La forma en la que nos comunicamos actualmente también posibilita otras formas de ser visible. Francisco J. Jiménez tiene 26 años, reside actualmente en Móstoles (Madrid) y desde hace un año y medio es seropositivo. A través de una conversación telefónica, reconoce que al principio lo pasó mal “porque no tienes ni idea de nada y apenas hay información”.
Jiménez es muy activo en Twitter, donde comparte su historia con el VIH. ¿Por qué ha decidido hacerlo y exponerse, a veces, a troles y mensajes de odio? “Mi manera de superarlo ha sido visibilizarlo y explicarle a la gente todos esos miedos y preguntas que yo tenía cuando me lo diagnosticaron. Quiero poder ayudar y dar respuestas por si en un futuro le pasa a alguien que me lea”, responde este gaditano.

"La ciencia ha comprobado que no puedo transmitir el virus. Si alguien sigue pensando que es un castigo de Dios y no me acepta, entonces el problema lo tiene esa persona, no yo".

“Hay mucho estigma y miedo. Me molesta mucho la pregunta ‘¿tú cómo te contagiaste?’ porque es totalmente morbosa. Con ella no me vas a ayudar en nada. Simplemente demuestras que es un chisme para ti. La hacen de forma natural, sin ninguna maldad, como si fuera algo automático”, explica Jiménez, que cuenta cómo también ha sufrido serofobia dentro de su propia familia.

“Vivir con VIH no es un problema”

Para Barousse, frente al miedo y a los juicios de los demás, la única vía posible para continuar fue trabajar con uno mismo para aceptarse: “Antes de saber que tenía VIH, llegué a rechazar a personas que tenían VIH. Cuando te encuentras en esa situación, quitarte la idea que tenías de la mente es una lucha contigo”.
Sin embargo, algo que le ayudó a cambiar la visión que tenía del virus era saber que era indetectable. “Cuando supe que ya no podía transmitirlo todas mis paranoias se fueron. Si yo le doy a alguien argumentos científicos que han comprobado que yo no puedo transmitirlo, pero sigue pensando que Dios me ha castigado y no me acepta, entonces el problema lo tiene esa persona, no yo”, afirma.

"A alguien que acaba de conocer que es VIH positivo le diría que yo sigo aquí. Que se puede".

Ander Pazos subraya, en cambio, que espera que el discurso científico no nos haga olvidar la parte social y emocional que hay detrás del VIH. “Me preocupa que todo se centre en la medicación, porque ser seropositivo para muchas personas conlleva contratiempos psicológicos, como preguntarse si tendrán pareja, quién les querrá ahora, si se quedarán solos o si podrán tener hijos”, puntualiza el trabajador de Gais Positius.
“Para mí vivir con VIH no es ningún problema y ha sido un aprendizaje que doy por bueno”, remata Pazos. Sin embargo, Barousse matiza: “A mí el VIH me afecta a la hora de viajar porque hay países a los que no puedo entrar por ser seropositivo y a la hora de conseguir otros trabajos. Me siento anclado a esta ciudad donde todo funciona muy bien a nivel de sanidad, pero siento que no soy libre. Dependo totalmente de tomarme una pastilla durante todos los días del resto de mi vida”.
A alguien que ha sido diagnosticado de VIH recientemente le diría que yo sigo aquí. Lo que más paz me ha dado es ver a un igual, a alguien que me dijera ‘yo también lo tengo’. Se puede”, sonríe Cubells. María Nadal también lanza un mensaje esperanzador: “Que no tenga pánico. Hoy en día no te mueres por tener VIH. Que busque ayuda en asociaciones y que se informe porque la información te quita muchos miedos


 Fuente: Playground magazine.

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