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Transmitir a los pacientes dicho mensaje en la consulta se relaciona con mejores resultados en salud
Jose Fley - 18/09/2020
Según los resultados de una encuesta internacional realizada en países de ingresos medianos y altos a personas con el VIH que están tomando tratamiento antirretroviral, una tercera parte de los encuestados nunca había mantenido una conversación con su médico en la que este le informase del mensaje ‘indetectable es igual a intransmisible’ (I=I). Los resultados de la encuesta han sido publicados en la revista Sexually Transmitted Infections y muestran que transmitir a los pacientes el mensaje I=I en la consulta se relaciona con mejores resultados en salud, como, por ejemplo, una mejor adherencia al tratamiento o sentirse más cómodo a la hora de revelar el estado serológico al VIH.
A lo largo de la última década varios estudios, entre los que se incluyen el PARTNER 1 y 2 (véanse La Noticia del Día 15/07/2016 y La Noticia del Día 27/04/2018) han confirmado de forma rotunda que una persona con el VIH en tratamiento antirretroviral y con la carga viral indetectable no transmite el VIH a su pareja o parejas sexuales. El mensaje de I=I supone un incentivo para que las personas con el VIH quieran iniciar y mantener la adherencia al tratamiento, lo que se traduce en beneficios para la salud individual y poblacional. Poco a poco, con los años, asociaciones de pacientes, organizaciones internacionales y países se han ido acogiendo a este mensaje transmitiéndolo por varias vías (véase La Noticia del Día 23/07/20). Sin embargo, no todos médicos del VIH y profesionales sanitarios se atreven en la actualidad a mantener una conversación con sus pacientes sobre este importante mensaje y sus implicaciones a todos los niveles.
Para averiguar qué información disponen las personas con el VIH y de dónde la reciben, los investigadores inscribieron a 2.389 participantes de los cuales el 29% eran mujeres, el 29% eran mayores de 50 años y el 23% eran personas que habían recibido su diagnóstico en los dos años anteriores. Al ser una muestra de conveniencia, los participantes de este estudio no representan la amplia población de personas con el VIH, siendo aquellos que disponen de más información los que tuvieron más probabilidades de ser inscritos en este estudio,
El 47% de los encuestados residían en 25 países de Europa, el 22% en América del Norte, un 9,6% en Asia, un 9,3% en América Latina, un 7,5% en Sudáfrica y un 5% de Australia. Las edades de los participantes oscilaban entre los treinta y cuarenta años. Tres cuartas partes tenían una formación universitaria.
Por lo que respecta a la fuente que les informó sobre el mensaje I=I, el 66,5% de los participantes indicaron haberlo hecho a través de su médico mientras que el 21,1% se había informado por otra fuente. El resto, el 12,3%, desconocía el mensaje. No se encontró variación en estas repuestas según la edad o el año del diagnóstico. Dentro del grupo que tenían educación secundaria, el 73% si había mantenido una conversación con su médico sobre I=I mientras que el porcentaje disminuía a 63% entre aquellas personas con educación universitaria. Por otro lado, en cuanto a la orientación sexual, los hombres gais o bisexuales tuvieron más probabilidades de haber hablado con sus médicos del mensaje I=I que los hombres y mujeres heterosexuales (71%, 58% y 65%, respectivamente). Las personas que mantenían sexo ocasional eran más conscientes de este mensaje (75%) que otras personas.
Al desagregar los resultados por países, se pudo observar que en China, Japón, Corea del Sur y Taiwán el 51% de las personas habían hablado de I=I con sus médicos. Un porcentaje mayor (61%) se obtuvo en países de América Latina como Argentina, Brasil, Chile y México. Los países en los que se registró un mayor número de personas que habían hablado del mensaje I=I con sus médicos fueron Australia (80%), Austria (84%) y Suiza (87%).
Hablar con el médico sobre el mensaje I=I se relacionó también con otros indicadores de salud. En este sentido, siete de cada diez participantes que habían recibido dicho mensaje comentaron que sus médicos los involucraban de forma activa en la toma de decisiones médicas sobre el tratamiento, se interesaban por lo potenciales efectos de la medicación que estaban tomando o les explicaban las nuevas opciones de tratamiento disponibles o futuras.
Por otro lado, se detectaron relaciones sólidas entre hablar sobre el mensaje I=I con el médico y otros resultados de salud favorables. Si la información procedía de otras fuentes, estas relaciones no se mostraron tan sólidas.
Al ser una encuesta transversal, los hallazgos fueron asociaciones más que efectos causales. El 77% que era conocedor del mensaje I=I mantenían la carga viral indetectable mientras que entre aquellos que no lo conocían, dicho porcentaje descendía a un 56%. Esto podría ser debido a que los pacientes que reciben dicha información estarían más motivados a adherirse a sus tratamientos. Del mismo modo, la relación podría ser al revés: algunos médicos solo podrían optar por discutir el mensaje I=I una vez que la carga viral del paciente hubiese alcanzado la indetectabilidad.
El estudio halló una adherencia subóptima al tratamiento en un 35% de los participantes que desconocían el mensaje, en un 29% de los que habían conocido el mensaje a través de otra fuente y en un 20% de aquellos lo conocían a través de su médico.
Al pedirles a los participantes que calificaran en una escala de cinco puntos su estado de salud, el 65% de los que habían hablado sobre I=I con sus médicos indicaron que era “bueno” o “muy bueno”. Este porcentaje descendió a un 55% en los participantes en los que el mensaje I=I lo conocieron a través de otras fuentes y a un 45% en aquellas personas que lo desconocían. Esta relación se mantuvo también al preguntarles por su grado de comodidad a la hora de hablar con sus médicos sobre sus preocupaciones sobre la transmisión del VIH (66%, 55% y 36%, respectivamente).
Los encuestados también fueron preguntados por su comodidad para revelar su estado serológico. El porcentaje más elevado (33%) de personas que indicaron sentirse más cómodos para hacerlo fue el de aquellas que habían hablado con sus médicos sobre I=I con un 33%. Los seguían el 27% de aquellos que conocían el mensaje a través de otras fuentes y, por último, el 20% de los que desconocían I=I. Por el contrario, el 67% de este último grupo habían escondido o disimulado su medicación antirretroviral en los últimos meses, reduciéndose al 61% entre los que su fuente de información eran otra distinta a su médico y al 55% entre los que si procedía de su proveedor.
Un editorial que acompaña al artículo dos médicos del VIH señalan que mantener conversaciones actualizadas sobre el mensaje de I=I ayudan a eliminar actitudes estigmatizantes que son perjudiciales directamente para la salud del paciente. Estas discusiones deben estar libre de prejuicios y estereotipos para que la persona con el se sienta cómoda a la hora de hablar sobre sus inquietudes y poder mantener una mejor adherencia al tratamiento antirretroviral. En este sentido, piden que las guías clínicas del VIH recomienden incluir el mensaje I=I en la educación al paciente, creando herramientas concretas que podrían facilitar la conversación en la consulta y generando una mayor concienciación social a través de mensajes de salud pública.
Fuente:AIDSMAP / (gTt-VIH)
Referencias: Okoli C et al. Undetectable equals untransmittable (U = U): awareness and associations with health outcomes among people living with HIV in 25 countries. Sexually Transmitted Infections.
Calabrese SK & Mayer KH. Stigma impedes HIV prevention by stifling patient–provider communication about U = U. Journal of the Interanational AIDS Society 23: e25559, 2020.
El éxito de las estrategias de control del VIH en todo el mundo depende de la implementación de los últimos avances en la ciencia del VIH por parte de las partes interesadas. Sin embargo, la adopción por parte de los profesionales de la salud de los avances científicos recientes relacionados con el VIH en la práctica clínica ha sido variable. Ha habido un desafío notable en torno a la comunicación constante del descubrimiento de que la supresión viral sostenida elimina el riesgo de transmisión sexual (indetectable = intransmisible, (U = U)) a los pacientes. La falta de incorporación rutinaria de la educación del paciente U = U en la práctica clínica es peculiar porque el mensaje U = U se alinea con los objetivos del tratamiento. Además, es responsabilidad profesional de los proveedores informar a los pacientes sobre los riesgos y beneficios del tratamiento. Entonces, ¿por qué no ocurren estas conversaciones? Aunque existen múltiples factores que contribuyen,1 ] - podría ser una razón clave que subyace a la falta de educación constante del paciente U = U.
Las primeras investigaciones que investigan las perspectivas y experiencias de los proveedores en torno a U = U [ 2 - 5 ] sugieren varias razones por las que es posible que no se estén comunicando sobre U = U con los pacientes: falta de conocimiento; incredulidad (a pesar de la evidencia sólida que demuestra que la supresión virológica previene la transmisión sexual [ 6 , 7 ]); y preocupaciones sobre la compensación del riesgo sexual [ 2 - 4 ]. Los proveedores también han expresado temor a ser culpados si la transmisión ocurriera después de haber informado a los pacientes sobre U = U [ 2 , 3]. Cuando se produce una comunicación sobre la supresión viral y el riesgo, algunos proveedores son inconsistentes y / o poco claros, y continúan usando un lenguaje como "extremadamente bajo" o "insignificante" (en lugar de "no" o "cero") para describir el riesgo de transmisión, o calificar incorrectamente U = U como aplicable solo en el contexto del uso del condón [ 2 , 5 ]. Retener la educación del paciente en torno a U = U o moderar el mensaje para prevenir comportamientos no deseados no es médicamente justificable. Además, la decisión de retener o modificar los mensajes U = U podría verse influenciada por el estigma hacia los pacientes.
El estigma puede operar a niveles consciente (explícito) e inconsciente (implícito) [ 8 ]. Sin embargo, estos dos niveles de estigma no están fuertemente correlacionados [ 8 ], lo que sugiere que los proveedores que no respaldan conscientemente el estigma pueden, no obstante, albergar tales actitudes en un nivel inconsciente. Se ha descubierto que el estigma implícito en particular impacta las interacciones entre el paciente y el proveedor: los proveedores con un mayor estigma implícito dominan verbalmente las conversaciones y están menos centrados en el paciente [ 9 ], lo que podría comprometer la comunicación en torno a U = U.
La naturaleza discrecional de la comunicación U = U aumenta su susceptibilidad al estigma. En la actualidad, están surgiendo estándares que establecen la educación del paciente sobre U = U como parte de la atención de rutina. En diciembre de 2019, el gobierno de EE. UU. Agregó una recomendación para educar universalmente a los pacientes con VIH sobre U = U en sus pautas de tratamiento antirretroviral [ 10 ]. Asimismo, la OMS sugirió en sus pautas de servicios de pruebas del VIH de noviembre de 2019 que, en el momento del diagnóstico, los proveedores deben informar a los pacientes que “las personas con VIH en [terapia antirretroviral] que logran y mantienen la supresión viral no pueden transmitir el VIH a sus parejas” [ 11]. Sin embargo, en muchos centros clínicos, los estándares y pautas que rodean a U = U pueden estar ausentes o carecer de especificidad, lo que dificulta la educación rutinaria del paciente sobre U = U.Además, en tales circunstancias, si, cómo y a quién educar sobre U = U es comúnmente basado en la discreción de los proveedores, lo cual es problemático porque es más probable que el estigma se manifieste en entornos con normas ambiguas y / o protocolos flexibles [ 12 ].
No es sólo la naturaleza discrecional de la educación U = U como actividad clínica lo que la hace vulnerable al estigma; también son las poblaciones de pacientes afectadas y los comportamientos asociados con la transmisión del VIH los que pueden ser estigmatizados en sí mismos. En todo el mundo, las personas que viven con el VIH han sido maltratadas en la atención sanitaria, y se enfrentan a proveedores que se niegan a tratar o proporcionar un tratamiento deficiente [ 9 , 13 ]. Esto es coherente con las actitudes estigmatizantes hacia los pacientes con VIH que los proveedores han respaldado, incluidos los estereotipos relacionados con la irresponsabilidad sexual [ 13 ]. Dadas las preocupaciones relacionadas con la compensación del riesgo que los proveedores han informado como razones para no discutir U = U [ 2], estas nociones preconcebidas sobre los pacientes que viven con el VIH pueden reforzar las preocupaciones existentes y potenciar el estigma. Las personas que viven con el VIH que tienen otros estados de marginación interseccional (por ejemplo, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres o personas que se inyectan drogas) pueden ser más propensas a ser estereotipadas como irresponsables o en riesgo, lo que exacerba aún más las preocupaciones de los proveedores sobre las consecuencias de U = U discusiones y alimentando disparidades.
El estigma interseccional también puede comprometer la educación U = U porque la educación U = U requiere la comunicación entre el paciente y el proveedor sobre el sexo, y los proveedores se sienten menos cómodos discutiendo el comportamiento sexual con algunos grupos (por ejemplo, minorías sexuales y / o individuos que no se ajustan al género) que otros (por ejemplo, individuos heterosexuales, cisgénero) [ 14 ]. La incomodidad al hablar de sexo con ciertos pacientes puede traducirse en una comunicación menos consistente del mensaje U = U a esas poblaciones en particular. Asimismo, ciertos grupos estigmatizados, como los hombres afroamericanos que tienen relaciones sexuales con hombres, pueden sentirse menos cómodos al iniciar conversaciones sobre su salud sexual con sus proveedores debido al estigma anticipado [ 15] y por lo tanto más dependiente de los proveedores para iniciar discusiones sobre la transmisión del VIH durante las relaciones sexuales.
Es importante destacar que el estigma puede manifestarse como una toma de decisiones razonada [ 9 ]. Por ejemplo, las preocupaciones sobre la compensación del riesgo pueden expresarse como una consideración genuina por el bienestar de los pacientes. Sin embargo, es probable que esa lógica tenga sus raíces en los estereotipos más que en la ciencia, como lo demuestra su inaplicabilidad en otros contextos médicos. Por ejemplo, educar a los pacientes sobre los beneficios de los medicamentos anticonceptivos o para la disfunción eréctil podría conducir a una compensación del riesgo sexual entre los pacientes que eligen tomar dichos medicamentos; sin embargo, estos beneficios se comunican de manera rutinaria.
Hay varias estrategias que pueden ayudar a abordar las inconsistencias existentes y las posibles disparidades en la entrega de educación U = U por parte de los proveedores (Tabla 1). Establecer la educación universal del paciente U = U en las pautas normativas, incorporar U = U en la educación clínica para todos los proveedores de servicios de VIH, facilitar las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U con herramientas concretas y ampliar la conciencia pública a través de mensajes de salud pública podrían promover un cambio positivo . Esta última estrategia también es vital porque algunos grupos estigmatizados enfrentan barreras a la atención médica que les impiden aprender sobre U = U de los proveedores. Se necesitan más investigaciones para evaluar el impacto del estigma del proveedor, evaluar las intervenciones adaptadas a la cultura y, en última instancia, optimizar la comunicación U = U entre pacientes y proveedores. Sin embargo,
| Estrategia | Descripción / justificación | |
|---|---|---|
| 1 | Establecer la educación universal del paciente U = U en las pautas normativas que dicten la práctica clínica |
|
| 2 | Incorporar U = U en la educación clínica para todos los proveedores de servicios de VIH |
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| 3 | Facilite las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U con herramientas concretas |
|
| 4 | Ampliar la conciencia pública mediante mensajes de salud pública |
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SKC recibió apoyo parcial de Gilead Sciences para asistir a una conferencia de investigación. KHM ha realizado investigaciones con el apoyo de proyectos sin restricciones de Gilead Sciences y ViiV Healthcare.
SKC lideró la conceptualización y redacción del punto de vista con aportes significativos de KHM. Ambos autores han leído y aprobado el manuscrito final.
Ninguno declarado.
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Ninguno declarado.
Fuente: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/jia2.25559
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