Páginas vistas

Mostrando entradas con la etiqueta hijos del sida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hijos del sida. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Opinión favorable para la aprobación europea de una formulación pediátrica dispersable en agua de dolutegravir.

Se anuncian 15 licencias voluntarias de fabricación de la versión genérica del medicamento para todos los países de ingresos bajos y algunos de los de ingresos medios.

 El Comité de Medicamentos para Uso Humano (CHMP, respectivamente, en sus siglas en inglés) de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, en sus siglas en inglés) ha anunciado su opinión favorable para la aprobación de la comercialización de una formulación dispersable en agua de dolutegravir (Tivicay®). Se trata del segundo inhibidor de la integrasa de uso pediátrico –tras raltegravir (Isentress®)– que podría ser bebido a partir de las 4 semanas de vida. La mayoría de las formulaciones disponibles hasta la fecha eran comprimidos para ingerir o masticar, lo que limitaba o impedía su uso en niños pequeños o bebés.

La población infantil se ve afectada de manera desproporcionada por la epidemia del VIH en los países con menos recursos. Datos epidemiológicos recientes estiman que hay 1,7 millones de niños con el VIH y la mayoría de las muertes relacionadas con sida en población infantil se siguen produciendo en los primeros cinco años de vida. Uno de los principales obstáculos que dificultan el tratamiento en esta población, es la escasa disponibilidad de fórmulas pediátricas optimizadas de antirretrovirales.

Muchos medicamentos solo están disponibles para adultos, por lo tanto, la administración de la dosis exacta para niños resulta fundamental. El ajuste de fórmulas adultas para dosis pediátricas se realiza a menudo cortando o machacando los comprimidos, abriendo las cápsulas y usando el polvo para obtener un líquido, mediante la dilución de preparados concentrados o la utilización de inyecciones orales. Como consecuencia directa, a los niños se les da a menudo fórmulas que no han sido elaboradas para ellos.
Esta práctica puede comprometer la eficacia y la seguridad del tratamiento.

Los comprimidos dispersables son pastillas sin recubrimiento o película protectora que pueden dispersarse en un líquido antes de administrarse y que dar lugar a una dispersión homogénea. La aprobación de comprimidos dispersables frente al VIH constituye una buena noticia que contribuye a ampliar las opciones de tratamiento antirretroviral para la población pediátrica.

La presente opinión favorable llega unos meses después de la aprobación de esta formulación por parte de la Agencia de la Alimentación y el Medicamento de EE UU (FDA, en sus siglas en inglés; véase La Noticia del Día 22/06/2020). Ambos hechos se basan en los datos procedentes de los estudios en curso P1093 y ODYSSEY (PENTA20).

El estudio P1093 está evaluando la seguridad, tolerabilidad y fijación de dosis en bebés y niños de entre 4 semanas y 18 años de edad, y está dirigido por la red IMPAACT en EE UU, Brasil, Tailandia, Sudáfrica, Zimbabue, Kenia y Tanzania.

Por su parte, ODYSSEY es un ensayo de eficacia de distribución aleatoria aleatorio con control en el que se prueba tratamiento antirretroviral de primera y segunda línea en bebés y niños de entre 4 semanas y 18 años de edad. Está dirigido por la red Penta y se está llevando a cabo en Europa, América del Sur, Tailandia, Uganda, Zimbabue y Sudáfrica.

La nueva formulación consiste en comprimidos dispersables de 5mg y están dirigidos a niños y bebés de, al menos, cuatro semanas y con un peso de, como mínimo, 3Kg. Debe tomarse en combinación con otros antirretrovirales para constituir una terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) con los niveles de eficacia deseables.

La presente opinión favorable del CHMP incluye una actualización en las recomendaciones de dosis de las formulaciones de comprimidos recubiertos (de 10mg, 25mg o 50mg) para niños de, al menos, 6 años y con un peso de, como mínimo, 14Kg. Dicha actualización se ha llevado a cabo para utilizar los mismos parámetros de peso que la Organización Mundial de la Salud (OMS).

De forma altamente relevante –pues el principal impacto de la infección por el VIH en población infantil tiene lugar en países de ingresos bajos– se han proporcionado 15 licencias voluntarias de fabricación de formulaciones pediátricas genéricas de dolutegravir (1 de forma directa y 14 a través de la iniciativa Medicines Patent Pool [MPP]) a fabricantes de medicamentos genéricos. Dos de ellos, además, han contado con el apoyo técnico de ViiV Healthcare y financiero específico de UNITAID, el fondo internacional creado para ayudar a los países en desarrollo a adquirir fármacos contra el VIH, la tuberculosis y la malaria para acelerar el proceso de desarrollo de formulaciones genéricas para todos los países de ingresos bajos, medios-bajos, del África subsahariana y algunos países de ingresos medios-altos.

Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Comunicado de prensa de ViiV Healthcare (13/11/2020): ViiV Healthcare announces CHMP positive opinion for the first-ever dispersible-tablet formulation of dolutegravir, Tivicay, a treatment for children living with HIV in Europe

miércoles, 19 de agosto de 2020

Los niños con VIH reciben cuidados de segunda clase En la HIV2020, que este año se celebra online, se alerta sobre los retos del VIH infantil y su empeoramiento por la covid-19. El virus se cobra la vida de unos 80.000 bebés cada año

El VIH no es igual a todas las edades. Los menores de 14 años lo tienen más complicado para ser diagnosticados a tiempo y recibir un tratamiento adecuado, por lo que el virus se cobra la vida de unos 80.000 bebés cada año, la mayoría de ellos en África subsahariana. En noviembre, organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo lanzaron un llamamiento para redoblar el combate contra el VIH infantil. Entonces, llegó la pandemia de covid-19.“Muchos de nuestros beneficiarios han perdido el trabajo y se han visto forzados a cerrar sus negocios”, ha explicado la representante de Women Fighting AIDS in Kenya (WOFAK) Jackline Okinyi. “Se están quedando sin dinero para ir a la clínica a buscar los antirretrovirales y para comprar alimentos. Aunque tengan medicamentos, es muy difícil tomarlos sin comida, o sea que podríamos ver un aumento en la interrupción de los tratamientos”. En algunos casos, han informado a los beneficiarios de que sus puntos de recogida de antirretrovirales se trasladaban a otro centro médico, pero todavía esperan a que alguien les llame para especificar cuál.

En África, la covid-19 también está empujando a más mujeres a dar a luz fuera de los centros médicos, de modo que se pierde una oportunidad de oro para detectar los casos de transmisión de madre a hijo. El de Okinyi es uno de los testimonios expuestos durante la Conferencia HIV2020, que este año se celebra de forma virtual a lo largo de cuatro meses bajo el lema "Comunidades recuperando la respuesta global". Para WOFAK y docenas de organizaciones de la sociedad civil, una parte importante de la respuesta al VIH infantil pasa por el trabajo con las comunidades, especialmente, en el contexto de la pandemia de coronavirus.

El trabajo de las entidades, que suelen contar con el liderazgo de personas seropositivas, empieza por la defensa de los derechos de los niños con VIH: frente a los gobiernos, que deben implementar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS); a los grandes financiadores internacionales como los EE UU, que deben apoyar a los países con menos recursos; y a las organizaciones internacionales como ONUSIDA, que ha empezado a elaborar su nueva estrategia para orientar la lucha global contra la pandemia. “Ahora es el momento de hablar con los representantes de ONUSIDA en los diversos países para garantizar que la infancia recibe la atención que merece”, ha recomendado Catherine Connor, vicepresidenta de Política Pública en la Elizabeth Glaser Pediatric AIDS Foundation (EGPAF).

Mejores pruebas y medicamentos

En el mundo hay unos 38 millones de personas que viven con VIH, incluyendo 1,8 millones de niños. La llamada a la acción lanzada por las entidades a finales de 2019, conocida como Declaración de Kigali, recuerda que solo un 54% de los menores de cero a 14 años está en tratamiento y que apenas la mitad de los neonatos expuestos al virus acceden a una prueba de diagnóstico rápido en los dos primeros meses de vida. De los que sí pasan la prueba, solo un 19% la recibe en el plazo de un mes recomendado por la OMS. Muchos, no la recibirán nunca. Y luego está la transmisión madre-hijo, que se ha estancado en un 12,7% a nivel global. “A menudo, no se realiza ninguna intervención para prevenir y detectar el VIH ni durante embarazo ni la lactancia”, señala la fundadora de The Lean on Me Foundation en Maurice Murenga, con una larga trayectoria apoyando niños y adolescentes con VIH en Kenia.

Otra reivindicación es el acceso a antirretrovirales efectivos, asequibles y adaptados a las necesidades de los niños. A pesar del estancamiento actual, la caída de la transmisión madre-hijo se considera uno de los hitos de la respuesta global contra el VIH y en países de altos ingresos apenas se registran casos. Paradojalmente, este éxito ha desincentivado el desarrollo de medicamentos adaptados al público infantil porque el mercado es demasiado pequeño. En la actualidad, la combinación de fármacos más utilizada para niños pequeños es un jarabe amargo, que contiene un 40% de alcohol y debe conservarse en frío. En el África rural, las neveras son un bien escaso y las familias llegan a enterrarlo en la arena para mantenerlo fresco, una solución menos que ideal. La alternativa son pastillas que deben tragarse enteras, algo imposible para un bebé.

En este momento hay nuevos medicamentos en diversas fases de desarrollo que podrían transformar el tratamiento del VIH infantil. Productos que saben bien, se pueden mezclar con zumos o cereales y no necesitan refrigeración. “Los países deberían empezar a planificar ya mismo la introducción rápida de estos regímenes mejorados”, ha señalado Murenga, quien también ha remarcado la importancia de los servicios de salud gestionados por las comunidades.

En los lugares más recónditos del mundo, las organizaciones y trabajadores de salud voluntarios juegan un papel clave a la hora de formar e informar a la población sobre como prevenir y tratar el VIH. Ayudan a identificar nuevos casos de VIH entre madres y niños, incluyendo los que están naciendo ahora en casa durante la pandemia de covid-19; conectan a las personas con los centros de salud y las acompañan durante el tratamiento, salvando así muchas vidas que de otro modo se habrían perdido.

“Los niños que viven con VIH siguen recibiendo unos cuidados de segunda clase”, ha afirmado Maureen Milanga de Health Global Access Project. Las organizaciones reunidas en HIV2020 se han comprometido a seguir trabajando, desde los poblados hasta los foros internacionales, para que la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del VIH sean de primera para todo el mundo.

FUENTE: PLANETA FUTURO

miércoles, 13 de mayo de 2020

Una crisis que puede matar hasta 6.000 niños más al día.


La reducción de la cobertura sanitaria por la covid-19 provocaría la muerte de otros 1,2 millones menores de cinco años más en tan solo seis meses en 118 países de ingresos bajos y medios, según un nuevo estudio de la Universidad Johns Hopkins.


Una crisis sanitaria como la que vive el mundo es el tsunami perfecto para sumar más muertes a las que ya ha provocado el nuevo coronavirus SARS-CoV-2. De cumplirse los peores pronósticos y en tan solo seis meses, asistiríamos cada día a la muerte de hasta 6.000 niños más por enfermedades que se pueden prevenir. En medio año, alrededor de 1,2 millones muertes más de niños por la reducción de la cobertura de los servicios médicos rutinarios en, al menos, 118 países con sistemas sanitarios frágiles y de ingresos bajos y medios. Estas potenciales muertes infantiles se sumarían a los 2,5 millones de niños que ya mueren cada seis meses en el mundo. Unas cifras escalofriantes que podrían echar por tierra casi una década de avances para poner fin a la mortalidad infantil. 
Es una de las conclusiones a las que ha llegado un nuevo estudio realizado por un grupo de investigadores de la escuela de salud pública de la Universidad Johns Hopkins, publicado este miércoles en The Lancet Global Health. Para realizar este informe los científicos han tomado como referencia la situación actual por la covid-19 y han hecho una proyección, con distintas variables, de uno, tres y hasta seis meses de 118 países de ingresos bajos y medios.
Hay dos razones principales por las que se podría dar este aumento de muertes entre menores de cinco años en el mundo, según este estudio. "La primera es que los niños que normalmente recibirían atención médica por enfermedades como neumonía, diarrea, SIDA y malaria, no podrán recibirla si los sistemas de salud se ven afectados; y si los ya enfermos no reciben el tratamiento adecuado, tienen más probabilidades de morir", contextualiza Timothy Roberton, del Departamento de Salud Global de la Universidad Johns Hopkins, y el investigador que ha liderado este estudio.
A esta inseguridad alimentaria, los otros factores clave que perpetúan el aumento de la mortalidad infantil en plena pandemia son la pobreza y los sistemas sanitarios débiles. El África subsahariana es la zona peor posicionada, y de estos 118 países de ingresos medios y bajos están Djibouti, Eswatini, Lesoto, Liberia, Malí, Malawi, Sierra Leona, Somalia, Etiopía, República Democrática del Congo, Tanzania y Uganda. Los otros países con más probabilidades de registrar las mayores tasas de exceso de mortalidad infantil por su volumen de población son Brasil, Nigeria, Indonesia, India y Pakistán. La segunda razón que especifica Roberton es la inseguridad alimentaria que viven muchos hogares que tienen menos ingresos y un acceso reducido a los alimentos. "Si no obtienen una ingesta adecuada de macronutrientes y se debilitan, tienen más probabilidades de morir por enfermedades infecciosas", asegura. Un informe recientemente publicado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU advertía que al menos 135 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria extrema en 55 países en 2019 y estimaba que la covid-19 podría casi duplicar la cifra, hasta 265 millones en 2020. 

Aumento de las muertes maternas

La covid-19 ha provocado que las visitas a los centros médicos estén disminuyendo debido a los confinamientos, los toques de queda y las interrupciones en los transportes, y también por el temor que siguen teniendo las comunidades a infectarse, como ya ocurrió en la epidemia del ébola de 2014, uno de los brotes más mortíferos que se recuerdan. Como consecuencia a la paralización de los programas de planificación familiar y seguimiento del parto, el estudio estima que podrían producirse 56.700 muertes maternas adicionales en tan solo seis meses, sumadas a las 144.000 que ya tienen lugar en los mismos países en un periodo similar.
"No podemos permitir que las madres y los niños sufran los daños colaterales de la lucha contra el virus. Y no podemos permitirnos perder décadas de avances en la reducción de muertes prevenibles de madres y niños", pide la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore, que en un comentario sobre el informe de The Lancet, advierte de que estas interrupciones podrían desencadenar aumentos potencialmente devastadores de las muertes maternas e infantiles. "Podemos prevenirlas si actuamos ahora".

Recuperar las rutinas médicas, clave para salvar vidas

Los resultados de este estudio, aseguran los investigadores, muestran cómo los efectos colaterales de la pandemia no son meramente económicos. A otra de las conclusiones que llega el informe es que mantener la cobertura de las intervenciones quirúrgicas más básicas que se realizan en un parto mientras dure la pandemia en estos 118 países ahorraría el 60% de las muertes maternas, mientras que la administración de antibióticos para la sepsis neonatal y la neumonía, además de distribuir la solución de rehidratación oral para la diarrea a los menores de cinco años, reduciría en un 41% de las muertes infantiles adicionales.
El mismo informe anima a los países y a sus Gobiernos a restablecer las rutinas médicas cuanto antes, advirtiendo de que cuánto más se tarde, más difícil será volver al punto de partida. "No debemos retrasar la restauración de los servicios de salud si queremos minimizar el impacto duradero de las interrupciones temporales. Cuánto más se tarde, más vidas se pierden en el camino". Advertencias y consejos para aplanar esa ola de tsunami que se ha convertido esta pandemia. 

martes, 26 de noviembre de 2019

Para acabar con el VIH, la clave está en garantizar que las personas y las comunidades tengan poder para elegir, saber, prosperar y exigir.

COMUNICADO DE PRENSA


Los enfoques innovadores respecto a los tratamientos para prevenir el VIH (profilaxis preexposición), la integración de los servicios de planificación familiar con las pruebas del VIH, la supresión de la carga vírica (I = I), la reducción del daño y una salud sexual integral otorgan a las personas en general el poder para protegerse del VIH, y a quienes ya viven con el virus les permiten crecer y desarrollarse
NAIROBI/GINEBRA, 26 de noviembre de 2019—Según un nuevo informe de ONUSIDA, Power to the people (el poder a las personas), publicado antes del Día Mundial del Sida, las personas y las comunidades que viven con el VIH o que están afectadas por el virus participan en la toma de decisiones y en la prestación de servicios relacionados con el VIH. Así mismo, se observa cómo se han reducido los casos de nuevas infecciones y cómo cada vez más personas tienen acceso al tratamiento. Cuando las personas tienen el poder de escoger, de saber, de prosperar y de exigir, cuando la gente trabaja codo con codo, se consigue salvar vidas, acabar con las injusticias y restaurar la dignidad.
«Cuando las personas y las comunidades cuentan con poder y con medios, se logra el cambio», apuntó Winnie Byanyima, Directora Ejecutiva de ONUSIDA. «La solidaridad de las mujeres, de los jóvenes, de los gais y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, de los trabajadores sexuales, de los consumidores de drogas y de las personas transgénero ha logrado transformar la epidemia de sida, al capacitarlos a todos ellos para poner fin a la epidemia».
El informe fue lanzado el 26 de noviembre en Kenia por la Directora Ejecutiva de ONUSIDA, la secretaria del gabinete del ministerio de salud de Kenia y los representantes de la comunidad. En él se pone de manifiesto el enorme progreso alcanzado, sobre todo en lo concerniente a la expansión del acceso al tratamiento. Hacia mediados de 2019, aproximadamente 24,5 millones de personas de los 37,9 millones de personas que viven con el VIH lograron acceso al tratamiento. Al continuar la adherencia al tratamiento, cada vez es menor el número de gente que fallece por enfermedades relacionadas con el sida.
«El trabajo conjunto del Gobierno con la sociedad civil, al que se suma la importantísima implicación de las comunidades, nos ha permitido reducir de manera significativa las nuevas infecciones por el VIH y el número de muertes relacionadas con el sida», insistió Sicily Kanuki, secretaria del gabinete del ministerio de salud keniata. «Las comunidades están en el mismísimo centro de la respuesta al sida y son imprescindibles para erradicarlo».
No obstante, el progreso alcanzado con respecto a la reducción de las infecciones por el VIH se entremezcla con la cifra de 1,7 millones de personas que se vieron afectadas por el virus en 2018. Las nuevas infecciones por el VIH se redujeron un 28 % de 2010 a 2018 en África oriental y meridional, la región más afectada por el VIH. Como señal prometedora y alentadora, la tasa de incidencia del VIH entre las chicas adolescentes y las mujeres jóvenes de la región con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años pasó de 0,8 % en 2010 a un 0,5 % en 2018, lo que supone un descenso de un 42 %. Sin embargo, las chicas y las mujeres jóvenes todavía son las más castigadas por las nuevas infecciones del VIH. Así, cuatro de cinco nuevas infecciones por el VIH entre adolescentes del África subsahariana tienen lugar entre chicas.
Fuera de África oriental y meridional, las nuevas infecciones por el VIH se han reducido únicamente un 4 % desde 2010. De mayor preocupación es el aumento de nuevas infecciones por el VIH en algunas regiones. La cifra anual de nuevas infecciones por el VIH aumentó un 29 % en Europa oriental y Asia central, un 10 % en Oriente Medio y África del Norte, y un 7 % en América Latina.
«En muchos lugares del mundo se ha logrado un espectacular progreso en lo concerniente a la reducción de nuevas infecciones por el VIH, muertes relacionadas con el virus y actitudes discriminatorias, sobre todo en África oriental y meridional. Pero, desgraciadamente, la desigualdad de género y el rechazo a los derechos humanos siguen dejando a mucha gente atrás», afirmó la Sra. Byanyima. «Las injusticias sociales, la desigualdad, el no reconocimiento de los derechos de las personas, y el estigma y la discriminación están impidiendo avanzar en la lucha para acabar con el VIH y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible».
Con poder y juntos
Como defiende el informe, cuando las personas y las comunidades gozan de poder y de medios, se logra el cambio. Las comunidades han apostado por programas del VIH que se basen en los derechos humanos y que tengan a las personas en el centro, pues así se garantiza que las respuestas al sida aborden las desigualdades y las injusticias que alimentan la epidemia.
Las mujeres y las chicas son la columna vertebral en cuanto a la atención a sus familias y a sus comunidades, y desempeñan un trabajo que no se paga, ni a menudo se valora, al ocuparse de atender a los niños, los enfermos, los ancianos y las personas con discapacidad. Son ellas quienes sustentan los frágiles sistemas de apoyo social. Y esto ha de cambiar. La implicación y el liderazgo de las comunidades de mujeres son esenciales en la respuesta al VIH.
«Como líder de la comunidad, soy capaz de relacionarme con las personas y de comprender lo que hay tras ellas mucho mejor que alguien de fuera. Llevo 25 años conviviendo con el VIH, así que la gente viene a mí a contarme sus problemas, por ejemplo, los que tienen que ver con el estigma relacionado con el VIH, la revelación y la adherencia. Nunca me he echado para atrás en este papel que he asumido, puesto que soy parte de esta comunidad», confiesa Josephine Wanjiru, activista en una comunidad del VIH en Kiandutu, Thika (Kenia).
Con poder para escoger
Las mujeres y las chicas piden métodos anticonceptivos integrados, pruebas tanto del VIH como de otras infecciones de transmisión sexual, así como opciones de prevención y cuidados. Casi el 40 % de las mujeres adultas y el 60 % de las chicas adolescentes (de entre 15-19 años) del África subsahariana no ven satisfechas sus necesidades con relación a los métodos anticonceptivos modernos.
En muchos países del África subsahariana, de acuerdo con el informe, el número de mujeres jóvenes que toman su medicina para evitar el VIH (profilaxis preexposición) es elevado en aquellos proyectos que integran la profilaxis previa a la exposición en servicios de atención sanitaria dedicados a la juventud y en clínicas de planificación familiar, y siempre y cuando la provisión de esta profilaxis preexposición esté al margen de los servicios de tratamiento.
Desde 2016 se han realizado también once millones de circuncisiones masculinas médicas voluntarias, 4 millones solo en 2018 en los 15 países prioritarios.
Con poder para saber
El poder para saber permite a las personas librarse del VIH o, cuando ya viven con el virus, mantenerse sanas. Sin embargo, la gente descubre su estado serológico positivo demasiado tarde, en ocasiones incluso años después de haberse infectado, lo que lleva a un retraso en el comienzo del tratamiento y facilita la transmisión del VIH. En Mozambique, por ejemplo, el tiempo medio para el diagnóstico tras la infección, en el caso de los hombres, estaba en cuatro años.
La adherencia a un tratamiento efectivo logra suprimir el virus hasta niveles indetectables, lo que hace que la gente lleve una vida sana y evita la transmisión del virus. El saber esto da a las personas que viven con el VIH la oportunidad de llevar vidas normales. También les hace tener la confianza de que están protegiendo a sus seres queridos y las ayuda a plantarles cara al estigma y la discriminación.
Las pruebas caseras del VIH actualmente están ayudando cada vez a más personas a conocer su estado serológico en privacidad, con lo que se están rompiendo las barreras del estigma y la discriminación, y se está facilitando el acceso al tratamiento.
El conocimiento del VIH entre la gente joven es alarmantemente bajo en muchas regiones. En países que tienen a su disposición datos recientes de la encuesta, se ve que solo el 23 % de las mujeres jóvenes y el 29 % de los hombres jóvenes (ambos entre los 15-24 años) tiene un conocimiento completo y adecuado del VIH. Los estudios nos muestran cómo la educación integral sobre sexualidad no nos lleva ni a una mayor actividad sexual, ni a correr más riesgos sexualmente hablando, ni a mayores tasas de infección ni por el VIH ni por otro tipo de infección de transmisión sexual.
Con poder para prosperar
El poder para prosperar consiste en garantizar que las personas tengan derecho a la salud, el tratamiento, la educación, el trabajo y un estándar de vida adecuado para su salud y bienestar.
Las nuevas infecciones por el VIH entre los niños se han reducido en un 41 % desde 2010, y aproximadamente el 82 % de las mujeres embarazadas que viven con el VIH está tomando ya un tratamiento antirretrovírico. Sin embargo, aún hay miles de niños sin acceso a estas medidas. La mitad de todos los niños nacidos con el VIH y cuyo diagnóstico no llega pronto morirá antes de cumplir los dos años. Sin embargo, en todo el mundo, al 59 % de los niños expuestos al VIH se les realizaron las pruebas antes de cumplir dos meses.
En 2018, 160 000 niños (de entre 0 y 14 años) se infectaron por el VIH y 100 000 pequeños fallecieron como consecuencia de una enfermedad relacionada con el sida. Murieron bien por no ser diagnosticados, bien por carecer de tratamiento, prueba impactante de que los niños son dejados atrás.
Las desigualdades de género, las normas y las prácticas patriarcales, la violencia, la discriminación, las violaciones de los derechos y el acceso limitado a los servicios de salud sexual y reproductiva exacerban el riesgo de infección por el VIH entre las chicas adolescentes y las mujeres jóvenes, sobre todo en el África subsahariana. Cada semana aproximadamente 6000 chicas jóvenes (de entre 15 y 24 años) se infectan por el VIH. 
En Eswatini, un estudio reciente mostró que las chicas adolescentes y las mujeres jóvenes que habían sido víctimas de violencia de género tenían 1,6 veces más posibilidades de contraer el VIH que aquellas que no habían vivido los abusos. Según el mismo estudio, la capacitación económica de las mujeres y de las chicas ayudó a reducir las nuevas infecciones entre las mujeres más de un 25 % y aumentó las opciones de que las mujeres jóvenes y las chicas pudieran volver a la escuela y concluir sus estudios.
Los grupos de población clave son dejados atrás
Los grupos de población clave y sus parejas concentran al menos el 75 % de las nuevas infecciones por el VIH fuera del África subsahariana y tienen menos oportunidades de acceder al tratamiento que otras personas. Más de un tercio de los grupos de población clave desconoce su estado serológico. El apoyo de las comunidades entre los gais y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres es efectivo y está ayudando a aumentar la toma de profilaxis previa a la exposición, promover relaciones sexuales más seguras, aumentar la práctica de pruebas del VIH y apoyar la adherencia al tratamiento.
Las personas transgénero son víctimas de la discriminación en cada una de las esferas de su vida, incluyéndose aquí la educación y el empleo, y solo el 10 % trabaja en la economía formal. Sin embargo, el activismo de la comunidad nos ha llevado a ser capaces de atender los derechos y las realidades de las personas transgénero, algo que se llevaba mucho tiempo esperando.
Algunos estudios también señalan que las actividades de capacitación de la comunidad llevadas a cabo entre los trabajadores sexuales pueden triplicar el uso de los preservativos con los clientes y reducir en más de un 30 % las posibilidades de infección por el VIH.
Con poder para exigir
El poder para exigir y pedir da a las comunidades y a las personas poder para participar en todas decisiones que las afectan. Hay constancia de medidas enérgicas, restricciones y hasta ataques contra los grupos y las campañas que muestran su apoyo a los grupos de población clave. Algunos Gobiernos se niegan a reconocer, apoyar y participar en las organizaciones de la comunidad como parte de sus respuestas nacionales al VIH, y, por consiguiente, se pierden el ingente potencial que tienen las comunidades para llegar a las personas más afectadas por el VIH.
Las personas y las comunidades pondrán fin al sida
El trabajo de las organizaciones lideradas por las comunidades es único y poderoso, y puede impactar de un modo muy sustancial en cómo el mundo siga avanzando para erradicar el sida. ONUSIDA insta a todos los países a apoyar plenamente y permitir la gran labor de las organizaciones lideradas por las comunidades, a garantizar que estas tengan su sitio y ocupen su lugar en las reuniones en las que se toman decisiones respecto de la salud y el bienestar de los miembros de la comunidad, y a eliminar toda barrera que obstaculice su implicación en la respuesta al VIH. Solo financiando plenamente y apoyando por completo el trabajo de las organizaciones de las comunidades se logrará hacer realidad el deseo de acabar con el sida.
ONUSIDA
El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA) lidera e inspira al mundo para hacer realidad su meta global de cero nuevas infecciones por el VIH, cero discriminación y cero muertes relacionadas con el sida. ONUSIDA aúna los esfuerzos de 11 organizaciones de las Naciones Unidas (ACNUR, UNICEF, PMA, PNUD, UNFPA, UNODC, ONU Mujeres, OIT, UNESCO, OMS y Banco Mundial) y trabaja en estrecha colaboración con asociados mundiales y nacionales para poner fin a la epidemia de sida para el 2030 como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Obtenga más información en unaids.org y conecte con nosotros a través de FacebookTwitterInstagram y YouTube.
Fuente: ONUSIDA.

martes, 19 de julio de 2011

Generación VIH

Han luchado desde la cuna contra el virus de la inmunodeficiencia humana que les transmitieron sus padres. Son un colectivo único, un grupo aislado en la historia médica, objeto de investigación, porque ya apenas nacen niños como ellos. Esta es su historia



Pese a su juventud, María está curtida en la pelea contra el enemigo invisible que se aloja en su cuerpo. Convive con él desde que nació, infectada por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) que le transmitió su madre. La batalla contra ese enemigo que recibió en herencia comenzó cuando tenía tres años. "La primera pastilla que me dieron era supergrande, lo recuerdo porque la vomité y le puse perdida a la enfermera", cuenta. Desde entonces, no ha dejado de tomar pastillas de todos los tamaños, de todas las clases, todos los días de su vida. Ahora le espera un nuevo tratamiento porque los últimos fármacos le han afectado al hígado y le han debilitado los huesos. María se queja de que las medicinas le dan más guerra que la enfermedad. Sabe que tendrá que posponer un año las clases porque el nuevo tratamiento será fuerte, y estudiar le cuesta. Por más que se aplique, la memoria no responde. "Estudio, pero cuando llego a los exámenes se me queda la mente en blanco", dice. La vida de María ha estado y está supeditada a la infección por VIH. Pese a todo, se considera afortunada. "Nadie quiere estar enfermo, pero yo he asumido lo que tengo y hago mi vida. Además nací en un momento en el que pudieron tratarme ya con antirretrovirales. Y la medicina avanza mucho. Puede que se encuentre una vacuna pronto y ya no tengamos que tomar más medicinas", dice. Ella no tiene cuentas pendientes con la vida. Ni se atormenta pensando en por qué nació sana su hermana, 14 años mayor. "La explicación es fácil: cuando la tuvo a ella, mi madre no estaba infectada".

Anais dijo que era seropositiva en su primer trabajo. "Me dijeron que no". Todavía le duele el rechazo

Al morir su padre, que se había tomado religiosamente las pastillas, Carla dejó de medicarse dos años

A los tres años, María tuvo que tomar la primera pastilla. Era enorme, y vomitó encima de la enfermera

"A mi niño lo putearon mucho en la escuela. Le sentaban a él solo en una esquina del comedor", cuenta Teresa

Antes de la llegada de los antirretrovirales, un tercio de los niños moría o desarrollaba sida a los seis años, dice el doctor Ramos

María creció con "dos madres", como ella dice. "Mi abuela era la de los regalos; mi hermana, la de los castigos". Su madre biológica murió cuando ella tenía poco más de dos años, pero oyéndola hablar nadie pondría en duda que ha crecido en un ambiente seguro y cálido. Viste vaqueros grises, zapatillas deportivas y un suéter de algodón ceñido. La melena negra le cae sobre los hombros. Tiene rasgos agradables y el aspecto alegre de una chica de su edad. Pero hay en ella la madurez prematura de los que han crecido luchando. Una madurez que deriva del trato constante con su enfermedad. Del ir y venir al hospital, del estar pendiente de los análisis, del estado de la carga viral, del nivel de linfocitos CD4, y de las pastillas, por supuesto.



María forma parte de la primera generación de niños nacidos en España con el VIH por transmisión vertical, es decir, de madre a hijo. Son un colectivo pequeño, unos pocos cientos todo lo más, que nadie se atreve a cuantificar porque los únicos registros oficiales que existen se refieren a enfermos de sida, es decir, de personas que han desarrollado ya el síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Los mayores tienen más de 25 años, los menores están en la adolescencia. Víctimas entre las víctimas que, a menudo, han sido tratados como culpables. Auténticos supervivientes que han visto caer a muchos compañeros como ellos en la batalla. "En la etapa anterior a los tratamientos con antirretrovirales, un tercio de los niños moría o desarrollaba sida a los seis años", dice José Tomás Ramos, jefe de pediatría del hospital universitario de Getafe (Madrid) y uno de los principales expertos españoles en VIH pediátrico.



Con una particularidad: los medicamentos que había a disposición de los pediatras estaban pensados para adultos, porque los laboratorios centraron la investigación de los fármacos contra el VIH en las víctimas más numerosas de aquellos años, el colectivo homosexual. "Al final nos dimos cuenta de que los niños necesitaban dosis proporcionalmente más elevadas que los adultos", dice este médico, que atiende casos de niños infectados por transmisión vertical desde 1984. Esta laguna no se circunscribía solo al VIH. "Hasta 2007, la Agencia Europea del Medicamento no implantó la necesidad de la investigación pediátrica en los fármacos", añade.



Ramos reconoce que la situación clínica ha cambiado radicalmente. "Ahora es infinitamente mejor. Los nuevos tratamientos han permitido que la infección se convierta en una enfermedad crónica". Y no solo eso. Ya no nacen prácticamente niños infectados por VIH en España. Nuevos fármacos y un control mayor de las madres gestantes han permitido minimizar este porcentaje, que hoy día es ínfimo, circunscrito a casos de embarazos que escapan a controles médicos. La primera generación que nació infectada ha quedado por eso en el historial clínico de la epidemia de VIH como un grupo aislado, una rareza. Sus integrantes se han visto obligados desde la infancia a cargar con el fardo de un mal estigmatizado por la sociedad.



"En el hospital tenemos niños con diabetes, niños con cardiopatías, y la sociedad les mima, y todo son consideraciones para ellos. Pero esta infección provoca mucho rechazo", dice María José Mellado, pediatra especializada en enfermedades infecciosas del hospital Carlos III de Madrid y presidenta de la Sociedad Española de Infectología.



Ese estigma explica los silencios que rodean a estos chicos. La negativa de la mayoría a figurar en los medios con nombre y apellidos, el secretismo que les rodea y la hostilidad que despiertan las preguntas de la periodista entre algunos médicos. "En Guipúzcoa se les escolarizó normalmente y son como cualquier otro adolescente o joven con una patología crónica. Tienen una normalidad social total", dice la doctora Juncal Echeverría, neonatóloga del hospital Donostia de San Sebastián, que trató casos de niños infectados con VIH desde 1984 hasta 2004, cuando dejaron de nacer niños seropositivos. Pero esa normalidad social es fruto de muchos silencios. El miedo al rechazo ha obligado a familiares y tutores a criar a estos niños manteniendo en secreto su enfermedad. Cualquier indiscreción podía costarles cara. "Ha habido niños que han tenido que cambiar de casa, de barrio y hasta de ciudad cuando se ha sabido lo que tenían", dice la doctora Mellado. "El mensaje para la sociedad es que el VIH solo se contagia por los fluidos corporales: la sangre, el semen, el fluido vaginal, la leche materna".



Anaís, de 26 años, tiene motivos para no dar su nombre verdadero. Quiso ir con la verdad por delante cuando la contrataron en su primer empleo como auxiliar de enfermería. "En cuanto lo supieron, me dijeron que no", cuenta con la voz entrecortada por la emoción. La taza de café descafeinado con leche que sostiene le tiembla en las manos y no consigue dominar las lágrimas cuando hace memoria. "Yo era muy ingenua, sufrí mucho ese rechazo. Era mi primer empleo y estaba feliz. Ahora, en el nuevo trabajo no he dicho nada".



César tampoco da su nombre. Tiene 21 años y estudió también protegido por el secreto. Nació infectado con el VIH. A su madre la contagió su padre, toxicómano. A César lo criaron los abuelos. "Ellos me daban la medicación, y un día, tendría yo 11 o 12 años, me dijeron lo que tenía. Bueno, me dijeron que estaba bajo de defensas y tenía que tomar unas pastillas". Poco a poco fue comprendiendo la verdad. César, de grandes ojos castaños, ha logrado crear un espacio de sinceridad en su vida. Un círculo de afectos donde no hay disimulos. "Mis amigos más íntimos lo saben, y también lo he dicho en el trabajo". Lo más difícil es sacar el tema cuando conoce a una chica que le gusta. "Tuve una pareja tres años, y se lo conté también, sin problemas. Rompimos por otras cosas". Lo importante es saber si esa persona te va a responder o te va a rechazar. "Tú te das cuenta de a quién se lo puedes decir y a quien no", dice.



Carla, que tiene 25 años y se contagió con el VIH a través de la leche materna, no se esconde, pero tampoco va contando por ahí su vida. "Todas las personas tenemos derecho a nuestra intimidad, tampoco hay que sincerarse con todo el mundo". Ella no tiene inconveniente en dar su nombre y hasta ha salido en la televisión en un reportaje sobre personas seropositivas. Vive con su abuela y su hermana menor. La mayor se ha independizado ya. Ninguna de las dos tiene el virus. "Cuando nació la mayor, mi madre no estaba infectada. Y la pequeña fue prematura y no tuvo lactancia materna", cuenta. A Carla se lo detectaron a los tres años. Y el diagnóstico no fue bueno. "A mi abuela le dijeron que no pasaría de los siete años", cuenta. Al principio la trataron con lo que había a mano, el AZT, un fármaco para adultos. Luego llegaron muchos otros. Carla creció sin traumas. "Creo que han discriminado más a mis hermanas que a mí. A mí no me han hecho daño". Hoy es una activista. Acude a conferencias, seminarios y encuentros de todo tipo para divulgar las verdades sobre una enfermedad crónica que suscita tanta desconfianza.



"La gente asocia VIH con sida y el sida con las drogas, y te miran mal", dice Anaís. Por eso ella prefiere callar y confesar la enfermedad solo a quienes pueden comprenderla. "Salí con un chico y no le conté nada. ¿Por qué iba a hacerlo si tampoco sabía si la relación iba a cuajar o no?". Luego conoció a su actual pareja, con la que vive desde hace seis años y que ha venido con ella a la entrevista en esta tarde lluviosa. "Tardé un año en decírselo, pero en ese tiempo no tuvimos relaciones sexuales completas", aclara. Él lo aceptó bien, "y eso que soy hipocondríaco", admite. Se hizo la prueba del VIH y le dio negativa, como ya suponía.



"Todos los que tenemos el virus nos hacemos la misma pregunta: ¿lo cuento o no lo cuento? Para mí es muy fácil, lo cuento; quien me quiera, que me quiera como soy, y quien no me quiera, ya sabe dónde está la puerta", dice María. Es cierto que ha tenido momentos muy malos, momentos de pánico, pensando que confesarse con los amigos le acarrearía la exclusión total. Es cierto que ha tenido experiencias amargas. Como cuando se lo dijo a su mejor amiga, y a ella le faltó tiempo para ir a contárselo a todo el mundo. "Pero luego a ella la dieron de lado y a mí no", cuenta. María cree que el problema está en la desinformación. Lo que se cuenta en la escuela sobre el VIH es poca cosa. Y nadie se molesta en saber realmente en qué consiste la infección y los pocos riesgos que entraña en una relación de amistad o en una convivencia superficial. "¡Si la gente supiera con la cantidad de seropositivos que se cruza en el metro o en un restaurante!", dice. Pero también cree que los afectos deberían tener más valor. "Decimos que hay mucho rechazo, pero somos nosotros los que nos rechazamos porque con los conocimientos que tenemos no deberíamos de pensar que la sociedad nos va a dar la espalda".



María reconoce que no ha experimentado mucho rechazo. "Y de los momentos malos, como han sido muchos más los buenos, prefiero no acordarme".



Teresa prefiere olvidar también los malos tragos que lleva pasados desde que, hace 17 años, se enteró de que era seropositiva. El hombre con el que había convivido cinco años le pasó el virus, y ella se lo transmitió al bebé que tuvieron. Teresa es una luchadora y no se esconde, pero el niño lo pasó mal en la escuela. "Lo putearon mucho. Lo sentaban en una esquina en el comedor, alejado de los otros críos", cuenta. Las cosas llegaron a tal punto que Teresa le cambió de colegio. Los problemas se reprodujeron en el instituto, "porque había muchos niños de la primera escuela". Pero gracias a la energía de la jefa de estudios, el problema acabó. Jorge está a punto de entrar en la Universidad y forma parte de ese tercio de pacientes que viven con una sola pastilla al día.



Jorge, que nació hace 18 años, pudo beneficiarse desde el principio de los antirretrovirales, los fármacos que empezaron a utilizarse a mediados de los años noventa y han cambiado la vida de las personas seropositivas. "Los primeros tratamientos eran horribles y te pasaba de todo", cuenta su madre. "Yo tomaba hasta 40 pastillas diarias, y el niño, por lo menos 30. Ahora es mejor. Jorge prepara las pastillas para los dos con nuestros vasos de leche".



Más duro ha sido el camino de los niños que nacieron infectados en los ochenta, cuando el arsenal farmacológico era mínimo. Y los pediatras se veían impotentes para actuar. "A mí me dijeron que el niño se moría sin remedio cuando tenía ocho años", cuenta Irene, un nombre falso bajo el que se oculta una mujer de 46 años. "Yo no quería llevarlo a Disneylandia ni nada de eso, quería que fuera a la escuela, que tuviera una vida normal". Irene no quiere dar su nombre, "no por mí, sino por el chico, que ha cumplido ya los 23 años y está estupendo. Y le digo: 'Ahora sí que veo que me vas a enterrar".



Ella vio morir a su hermana toxicómana y se hizo cargo del bebé. Lo adoptó legalmente y fue como el hermano pequeño del hijo que ya tenía. Todavía se enfurece recordando a la médica que la criticó por permitir esa convivencia. Ella sabía bien que no había riesgos. "Cada uno teníamos de un color distinto nuestros objetos de uso más íntimo, cepillo de dientes, tijeras, cosas así". Irene dedicó todas sus energías a estudiar qué era eso del VIH, y a pedir explicaciones a los médicos que trataban al pequeño, y a enterarse de qué era lo que le recetaban y por qué. "Yo me iba a la consulta con las preguntas escritas en un papelito y no me movía hasta que no me contestaban a todo". Irene se hizo una experta en VIH. "Iba a reuniones de médicos y me enteraba de lo que hablaban", dice. Y cuando uno de los fármacos le provocó al niño graves efectos secundarios, se presentó en el Ministerio de Sanidad, y pidió autorización para que le trataran con un nuevo medicamento.



Ahora se alegra de no haber tirado la toalla en aquellos años terribles. "Sí, porque está tan bien. Carga viral indetectable, defensas altas, todo bien. No tiene novia, pero sí muchos amigos. No sé lo que piensa de sus padres. Pero tiene muy buen corazón, no creo que sienta rencor". En el largo camino que han recorrido juntos, Irene tuvo que ocuparse de todo. De explicarle lo que tenía y de convencerle de la necesidad imperiosa de usar el preservativo en las relaciones sexuales. Una cuestión siempre espinosa.



María encontró ayuda en la ONG Apoyo Positivo, a la que acude desde que era muy pequeña. A través de los campamentos que organizan y las jornadas de educación ha conocido a chicos como ella, con problemas muy parecidos.



"Para estos chicos es muy importante darse cuenta de que hay otros adolescentes iguales, que no son raros, que no están solos", dice la pediatra Núria Curell, secretaria de la Fundación Lucía, de Barcelona. Esta entidad, creada hace 15 años, organiza campamentos y seminarios, y sus objetivos son los mismos, aunque se centra exclusivamente en niños, adolescentes y jóvenes. Se creó para ayudar a los seropositivos y a sus familias a sobrellevar la enfermedad. Curell cree que el optimismo es obligado ante los avances médicos que se han producido. La doctora Mellado, del hospital Carlos III de Madrid, habla con entusiasmo también de los "siete nietos" que ya han nacido en el centro de pacientes con VIH. Se refiere a los hijos que han tenido ya algunos de aquellos niños que nacieron con el virus que les contagiaron sus padres. Estos bebés, gracias a los avances médicos, están sanos. Flumen Prieto, psicólogo de Apoyo Positivo que trabaja con este colectivo, es todavía más optimista al juzgar las circunstancias que han vivido estos chicos. "No han sufrido el estigma del sida, que al principio fue tremendo. Aunque algunos han visto morir a sus padres o a sus hermanos, eran muy pequeños cuando ocurrió. Y no han sufrido una ruptura en sus vidas cuando les han dicho que tenían VIH, porque han nacido con ello, y están acostumbrados a medicarse y a ir al hospital cada tres meses".



Lo cual no significa que no haya interrogantes sobre el futuro de estos jóvenes. Un pequeño colectivo que ha vivido una peripecia única en la historia de la epidemia de VIH. Por eso son objeto de estudio en todo el mundo. "En su mayoría, son niños hijos de madre seropositiva, con antecedentes de consumo de sustancias tóxicas durante la gestación. Y llevan años con tratamientos con potencial toxicidad de consecuencias a largo plazo desconocidas", explica José Tomás Ramos, del hospital de Getafe e investigador principal de un proyecto de seguimiento de niños infectados por el VIH en la Comunidad de Madrid. "Los medicamentos que toman pueden alteran el metabolismo de los lípidos y, como consecuencia, aumentar el colesterol, con mayor riesgo cardiovascular. También se ha observado que algunos problemas neuropsiquiátricos son más frecuentes en ellos que en la población general, y presentan índices más altos de fracaso escolar".



Con todo, el riesgo mayor que afrontan es cansarse de los medicamentos y los efectos secundarios que provocan. Muchos llevan 15, 20, 24 años tomando jarabes y pastillas que provocan diarreas, o vómitos, o que deforman el cuerpo. Anaís, que cumplirá pronto 27 años, era muy pequeñita cuando se le complicó una varicela. Fue entonces cuando los médicos comprobaron que era seropositiva, igual que su madre. Recuerda el tratamiento con AZT y el calvario de pequeñas complicaciones que vivió en su infancia. Pero lo peor llegó en la adolescencia, cuando le pusieron un tratamiento de inyecciones intravenosas que se sentía incapaz de soportar.



"Los adolescentes son el grupo más frágil", reconoce Teresa Español, presidenta de la Fundación Lucía. "Llevan años de tratamiento, y psicológica y socialmente son más frágiles. Tienen la sensación de que siempre han estado enfermos, y cuando llegan a una edad en la que son conscientes de la enfermedad que padecen, temen por sus vidas". En esa edad incierta, cuando afloran las inseguridades, algunos chicos seropositivos abandonan la medicación. Una decisión que puede tener consecuencias muy graves, porque esta enfermedad crónica exige lo que los médicos llaman adherencia permanente a los tratamientos, puntilloso apego a horarios y medicinas. César, parco en palabras, lo sabe bien. Reconoce con una media sonrisa que lo de las pastillas "es un coñazo, es cierto. Sales con los amigos y te tienes que llevar las medicinas. Pero es que es cuestión de vida o muerte", dice. Y él tiene claro que quiere vivir.



Hubo un tiempo, breve por fortuna, en el que Carla se abandonó. "Estuve cuidando a mi padre, y cuando él murió, en 2004, yo dejé de tomar las pastillas. Pensaba: mi madre no tomó pastillas y se murió, y él se las ha tomado hasta el final y se ha muerto también, ¿para qué voy a seguir adelante?". Durante dos años, entre 2004 y 2006, dejó la medicación y siguió con su vida. "Menos mal que no fue mucho tiempo. Aun así, me aumentó mucho la carga viral y, sobre todo, me bajaron mucho las defensas. Y cuando bajan es muy difícil conseguir que vuelvan a subir", cuenta. Ella es consciente de que, pese a lo mucho que han avanzado los tratamientos, la vida que le espera tiene sus limitaciones. "Sé que tengo más problemas que otros, que si pido un crédito en un banco quizá no me lo den". Pero igual que todos los supervivientes de esta generación única, es poco propensa al desánimo. Acepta que su vida es una lucha. Y no se rendirá.


50.000 personas no saben que tienen el VIH en España

La tasa de positivos en las pruebas del VIH en jóvenes se multiplica por cinco desde 2004

Fuente: El país.

SAL DE DUDAS.

http ://www.saldedudas.info/index.php/es/   La APP Sal de Dudas, te ofrece juegos, videos e información sobre Vih y otras enfermedades de tr...