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miércoles, 24 de marzo de 2021

Realizar actividad física reduce el riesgo de sufrir problemas de salud y aumenta los niveles de CD4 en personas con el VIH.

 El riesgo de desarrollar diabetes o enfermedad cardiovascular aumentó en aquellas personas con bajos niveles actividad física.

Según los resultados de un estudio estadounidense presentado durante la 18 edición del Taller International sobre Comorbilidades y Reacciones Adversas a los Fármacos del VIH, celebrado en septiembre de 2016 en Nueva York (EE UU), realizar actividad física estaría asociado, en personas con el VIH, a un menor riesgo de sufrir problemas graves de salud y a valores más elevados en el recuento de células CD4.

Desde la llegada de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) se ha producido un cambio en el espectro de enfermedades sufridas por las personas con el VIH, las cuales pasaron de padecer infecciones oportunistas a presentar complicaciones derivadas, sobre todo, de la cronificación de la infección, la inflamación a la que se asocia, el uso de tratamiento antirretroviral a largo plazo y el envejecimiento. En estudios anteriores se observó que el ejercicio físico, en especial si se alterna de forma equilibrada aquel basado en la fuerza y el fundamentado en la resistencia, no solo permite ganar masa muscular y reducir los niveles de lípidos sanguíneos en personas con el VIH, sino también prevenir, o mitigar, el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento (Véase La Noticia del Día 20-12-2013).

El estudio que se llevó a cabo fue de tipo prospectivo, longitudinal y multicéntrico y contó con aproximadamente 11.000 participantes. Se recogieron alrededor de 40.000 evaluaciones de la actividad física (PA, por sus siglas en inglés) de los participantes donde cada uno aportó al menos una evaluación. Más de 8.000 participantes proporcionaron dos informes y cerca de 800 acumuló, al menos, 5 informes.

Las personas participantes en el estudio formaron una cohorte donde la media de edad fue de 43 años (rango de 19 a 82 años). Aproximadamente el 80% eran hombres y el 2% transgénero. Alrededor de un tercio de los participantes eran afroamericanos y el 15 % hispanos. El recuento medio de células CD4 era superior a 500 células/mm3 y la carga viral promedio era inferior 200 copias/mL. El peso medio fue de 81 kg y el Índice de Masa Corporal (IMC) promedio era de 26,5 kg/m2 (+/-5).

Las evaluaciones iniciales mostraron que el 26% de los participantes (n=3.058) presentaba niveles muy bajos de PA, el 42% (n=4.957) niveles bajos, el 19% (n=2.177) moderados y el 13% (n=1.527) mostró valores altos en PA. Algunos de los factores que se asociaron a valores significativamente más bajos de PA fueron: ser mujer, transgénero o afroamericano, tener niveles más bajos en el recuento de células CD4 o un mayor IMC.

Tras ajustar los factores de confusión como la edad, el sexo, el tipo de seguro de salud, el riesgo de transmisión, la historia de consumo de tabaco, el uso de "d-fármacos" (estavudina (d4T), didanosina (ddI), zalcitabina (ddC): tres fármacos de la familia de los ITINN con elevados efectos secundarios) y fármacos prescritos, valores altos en PA se asociaron de manera significativa con una mejoría en la presión arterial sistólica, el colesterol HDL (colesterol "bueno"), los valores de triglicéridos y glucosa y un alto recuento de CD4.

Independientemente, tanto los valores bajos de PA como aquellos muy bajos predijeron riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares o diabetes. A medida que los valores de PA aumentaron, el riesgo fue disminuyendo de manera progresiva.

De manera consistente, bajas puntuaciones en PA se asociaron al diagnóstico de comorbilidades : obesidad (cociente de probabilidades [CP]: 1,9; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1.6-2.2), enfermedad cardiovascular (CP: 2,0; IC95%: 1,4-2,8), derrame cerebral (CP: 1,8; IC95%: 1.2-2.7), hipertensión (CP: 1,5; IC95%: 1,3-1,8), y diabetes (CP: 2,5; IC95%: 1,9-3,2). El 24% de aquellos participantes que presentaron altas puntuaciones en PA reportaron tener 2 o más problemas de salud, mientras que en el brazo con niveles bajos en PA fue reportado por el 40% de los encuestados (diferencia estadísticamente significativa [p<0.01]).

Los resultados de este estudio ponen de manifiesto el efecto protector que tiene realizar actividad física de manera regular frente al desarrollo de problemas de salud en personas con el VIH, en las cuales, además, parece favorecer la producción de células CD4.

Fuente: HIV i-base ( gTt-VIH )

Referencia:
 Willig AL et al. The beneficial effects of physical activity in the setting of HIV infection. 18th International Workshop on Comorbidities and Adverse Drug Reactions in HIV, 12-13 September 2016, New York. Oral abstract 012.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Exigimos la reapertura de la Unidad de ITS Drassanes en Barcelona!!!!

 Desmantelamiento de la Unidad de ITS de Drassanes

Ante el desmantelamiento del Centro de ITS de Drassanes en Barcelona, las entidades comunitarias Gais PositiusGrupo Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt-VIH) y Stop Sida exigimos a las autoridades sanitarias competentes la reapertura inmediata del centro y el restablecimiento de su actividad habitual.

Esta situación está afectando a la atención de la salud sexual de muchos ciudadanos y ciudadanas y, en especial, de las poblaciones más vulnerables al VIH y las infecciones de transmisión sexual (ITS) que se visitan en dicho centro. La reubicación de la unidad monográfica de ITS Drassanes en el Hospital Vall d’Hebron -centro hospitalario del que forma parte- ha supuesto también un menoscabo de la atención que reciben las personas usuarias del Programa de Profilaxis Preexposición (PrEP). Un buen número de las personas que reciben la píldora preventiva del VIH -cuyas citas tuvieron que ser canceladas como consecuencia de la reubicación del centro-, continúan todavía sin recibir atención y sin perspectivas de que se les reprograme la visita.

El desmantelamiento de facto del Centro de ITS Drassanes ha supuesto que programas con enormes beneficios para la salud pública -como el circuito rápido de cribado de ITS asintomáticas ‘Drassanes Exprés’- desaparezcan o que queden reducidos a un nivel por debajo del mínimo, ya no de su funcionamiento, sino de su existencia.

Las organizaciones firmantes entienden que la tensión asistencial provocada por la COVID-19 obligue a tomar medidas excepcionales, como la reestructuración de los servicios y dispositivos sanitarios. Sin embargo, el abordaje de la epidemia del SARS-CoV-2 no debería ir en detrimento de otros problemas de salud pública, como el VIH y las ITS, en los que una respuesta inadecuada podría derivar en un aumento tanto del número de casos como del número de diagnósticos tardíos. Los diagnósticos tardíos se asocian a peores resultados en salud, a un mayor coste sanitario y a una mayor transmisión comunitaria de estas infecciones.

Necesitamos tu firma!!!! 

Change.org


miércoles, 26 de agosto de 2020

El estigma impide la prevención del VIH al sofocar la comunicación entre el paciente y el proveedor sobre U = U. Sarah K Calabrese, Kenneth H. Mayer. Publicado por primera vez: 19 julio 2020. https://doi.org/10.1002/jia2.25559

 El éxito de las estrategias de control del VIH en todo el mundo depende de la implementación de los últimos avances en la ciencia del VIH por parte de las partes interesadas. Sin embargo, la adopción por parte de los profesionales de la salud de los avances científicos recientes relacionados con el VIH en la práctica clínica ha sido variable. Ha habido un desafío notable en torno a la comunicación constante del descubrimiento de que la supresión viral sostenida elimina el riesgo de transmisión sexual (indetectable = intransmisible, (U = U)) a los pacientes. La falta de incorporación rutinaria de la educación del paciente U = U en la práctica clínica es peculiar porque el mensaje U = U se alinea con los objetivos del tratamiento. Además, es responsabilidad profesional de los proveedores informar a los pacientes sobre los riesgos y beneficios del tratamiento. Entonces, ¿por qué no ocurren estas conversaciones? Aunque existen múltiples factores que contribuyen,1 ] - podría ser una razón clave que subyace a la falta de educación constante del paciente U = U.

Las primeras investigaciones que investigan las perspectivas y experiencias de los proveedores en torno a U = U [ 2 - 5 ] sugieren varias razones por las que es posible que no se estén comunicando sobre U = U con los pacientes: falta de conocimiento; incredulidad (a pesar de la evidencia sólida que demuestra que la supresión virológica previene la transmisión sexual [ 6 , 7 ]); y preocupaciones sobre la compensación del riesgo sexual [ 2 - 4 ]. Los proveedores también han expresado temor a ser culpados si la transmisión ocurriera después de haber informado a los pacientes sobre U = U [ 2 , 3]. Cuando se produce una comunicación sobre la supresión viral y el riesgo, algunos proveedores son inconsistentes y / o poco claros, y continúan usando un lenguaje como "extremadamente bajo" o "insignificante" (en lugar de "no" o "cero") para describir el riesgo de transmisión, o calificar incorrectamente U = U como aplicable solo en el contexto del uso del condón [ 2 , 5 ]. Retener la educación del paciente en torno a U = U o moderar el mensaje para prevenir comportamientos no deseados no es médicamente justificable. Además, la decisión de retener o modificar los mensajes U = U podría verse influenciada por el estigma hacia los pacientes.

El estigma puede operar a niveles consciente (explícito) e inconsciente (implícito) [ 8 ]. Sin embargo, estos dos niveles de estigma no están fuertemente correlacionados [ 8 ], lo que sugiere que los proveedores que no respaldan conscientemente el estigma pueden, no obstante, albergar tales actitudes en un nivel inconsciente. Se ha descubierto que el estigma implícito en particular impacta las interacciones entre el paciente y el proveedor: los proveedores con un mayor estigma implícito dominan verbalmente las conversaciones y están menos centrados en el paciente [ 9 ], lo que podría comprometer la comunicación en torno a U = U.

La naturaleza discrecional de la comunicación U = U aumenta su susceptibilidad al estigma. En la actualidad, están surgiendo estándares que establecen la educación del paciente sobre U = U como parte de la atención de rutina. En diciembre de 2019, el gobierno de EE. UU. Agregó una recomendación para educar universalmente a los pacientes con VIH sobre U = U en sus pautas de tratamiento antirretroviral [ 10 ]. Asimismo, la OMS sugirió en sus pautas de servicios de pruebas del VIH de noviembre de 2019 que, en el momento del diagnóstico, los proveedores deben informar a los pacientes que “las personas con VIH en [terapia antirretroviral] que logran y mantienen la supresión viral no pueden transmitir el VIH a sus parejas” [ 11]. Sin embargo, en muchos centros clínicos, los estándares y pautas que rodean a U = U pueden estar ausentes o carecer de especificidad, lo que dificulta la educación rutinaria del paciente sobre U = U.Además, en tales circunstancias, si, cómo y a quién educar sobre U = U es comúnmente basado en la discreción de los proveedores, lo cual es problemático porque es más probable que el estigma se manifieste en entornos con normas ambiguas y / o protocolos flexibles [ 12 ].

No es sólo la naturaleza discrecional de la educación U = U como actividad clínica lo que la hace vulnerable al estigma; también son las poblaciones de pacientes afectadas y los comportamientos asociados con la transmisión del VIH los que pueden ser estigmatizados en sí mismos. En todo el mundo, las personas que viven con el VIH han sido maltratadas en la atención sanitaria, y se enfrentan a proveedores que se niegan a tratar o proporcionar un tratamiento deficiente [ 9 , 13 ]. Esto es coherente con las actitudes estigmatizantes hacia los pacientes con VIH que los proveedores han respaldado, incluidos los estereotipos relacionados con la irresponsabilidad sexual [ 13 ]. Dadas las preocupaciones relacionadas con la compensación del riesgo que los proveedores han informado como razones para no discutir U = U [ 2], estas nociones preconcebidas sobre los pacientes que viven con el VIH pueden reforzar las preocupaciones existentes y potenciar el estigma. Las personas que viven con el VIH que tienen otros estados de marginación interseccional (por ejemplo, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres o personas que se inyectan drogas) pueden ser más propensas a ser estereotipadas como irresponsables o en riesgo, lo que exacerba aún más las preocupaciones de los proveedores sobre las consecuencias de U = U discusiones y alimentando disparidades.

El estigma interseccional también puede comprometer la educación U = U porque la educación U = U requiere la comunicación entre el paciente y el proveedor sobre el sexo, y los proveedores se sienten menos cómodos discutiendo el comportamiento sexual con algunos grupos (por ejemplo, minorías sexuales y / o individuos que no se ajustan al género) que otros (por ejemplo, individuos heterosexuales, cisgénero) [ 14 ]. La incomodidad al hablar de sexo con ciertos pacientes puede traducirse en una comunicación menos consistente del mensaje U = U a esas poblaciones en particular. Asimismo, ciertos grupos estigmatizados, como los hombres afroamericanos que tienen relaciones sexuales con hombres, pueden sentirse menos cómodos al iniciar conversaciones sobre su salud sexual con sus proveedores debido al estigma anticipado [ 15] y por lo tanto más dependiente de los proveedores para iniciar discusiones sobre la transmisión del VIH durante las relaciones sexuales.

Es importante destacar que el estigma puede manifestarse como una toma de decisiones razonada [ 9 ]. Por ejemplo, las preocupaciones sobre la compensación del riesgo pueden expresarse como una consideración genuina por el bienestar de los pacientes. Sin embargo, es probable que esa lógica tenga sus raíces en los estereotipos más que en la ciencia, como lo demuestra su inaplicabilidad en otros contextos médicos. Por ejemplo, educar a los pacientes sobre los beneficios de los medicamentos anticonceptivos o para la disfunción eréctil podría conducir a una compensación del riesgo sexual entre los pacientes que eligen tomar dichos medicamentos; sin embargo, estos beneficios se comunican de manera rutinaria.

Hay varias estrategias que pueden ayudar a abordar las inconsistencias existentes y las posibles disparidades en la entrega de educación U = U por parte de los proveedores (Tabla 1). Establecer la educación universal del paciente U = U en las pautas normativas, incorporar U = U en la educación clínica para todos los proveedores de servicios de VIH, facilitar las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U con herramientas concretas y ampliar la conciencia pública a través de mensajes de salud pública podrían promover un cambio positivo . Esta última estrategia también es vital porque algunos grupos estigmatizados enfrentan barreras a la atención médica que les impiden aprender sobre U = U de los proveedores. Se necesitan más investigaciones para evaluar el impacto del estigma del proveedor, evaluar las intervenciones adaptadas a la cultura y, en última instancia, optimizar la comunicación U = U entre pacientes y proveedores. Sin embargo,

Tabla 1. Estrategias recomendadas para fomentar la educación universal del paciente U = U
EstrategiaDescripción / justificación
1Establecer la educación universal del paciente U = U en las pautas normativas que dicten la práctica clínica
  • La educación universal del paciente U = U debe ser respaldada por organizaciones federales y profesionales en todo el mundo y defendida en los protocolos y expectativas de los centros clínicos.
  • Por ejemplo, de acuerdo con las pautas de 2019 del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., "Todas las personas con VIH deben ser informadas de que mantener un ARN del VIH en plasma (carga viral) <200 copias / ml ... evita la transmisión sexual del VIH a sus parejas" [ 10 ]
  • El establecimiento de tal estándar refuerza la educación del paciente U = U como una responsabilidad profesional y designa la falta de comunicación U = U con los pacientes, incluso si no es una omisión intencional, como atención deficiente.
2Incorporar U = U en la educación clínica para todos los proveedores de servicios de VIH
  • U = U debe incorporarse en la educación clínica en todos los niveles, incluidos los planes de estudio de las escuelas de medicina y enfermería, los exámenes de certificación de la junta, la educación continua y las capacitaciones clínicas requeridas.
  • Los proveedores deben estar informados sobre: ​​la evidencia científica para U = U, las implicaciones médicas y psicosociales de U = U para los pacientes, la importancia de un enfoque universalizado frente a un enfoque selectivo para educar a los pacientes sobre U = U, y por qué temores de compensación de riesgo o la culpa no son razones médicamente justificables para retener información sobre U = U
  • Se necesita una educación clínica generalizada U = U en todas las disciplinas de los proveedores de servicios del VIH porque la educación del paciente es una responsabilidad compartida entre los proveedores de servicios del VIH, y un paciente determinado puede entrar en contacto con algunos tipos de proveedores de servicios del VIH y no con otros.
  • La educación del proveedor sobre U = U es esencial porque la falta de conocimiento y la incredulidad se encuentran entre las razones identificadas por las que los proveedores no informan a sus pacientes sobre U = U [ 2 , 4 ]
3Facilite las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U con herramientas concretas
  • A los proveedores se les puede ofrecer un lenguaje escrito con respaldo empírico para ayudar a explicar el concepto de U = U
  • Las indicaciones se pueden utilizar para indicar conversaciones sobre U = U, como emparejar recordatorios emergentes con resultados de laboratorio de carga viral dentro de los sistemas de registros médicos electrónicos
  • Los folletos informativos, los videos de circuito cerrado de salas de espera y otros materiales educativos dirigidos al paciente pueden estimular y reforzar aún más las conversaciones entre el paciente y el proveedor sobre U = U
4Ampliar la conciencia pública mediante mensajes de salud pública
  • La educación pública puede alentar las conversaciones iniciadas por el paciente entre las personas que viven con el VIH y que ya reciben atención.
  • El aumento del conocimiento público sobre U = U puede promover la búsqueda de atención médica entre las personas que viven con el VIH y que no han sido diagnosticadas o tratadas; los nuevos pacientes presentan nuevas oportunidades para la comunicación entre el paciente y el proveedor sobre U = U
  • Más allá de las implicaciones para la atención médica, la educación pública también es vital porque ciertos grupos estigmatizados, en particular aquellos que enfrentan formas interseccionales de estigma, pueden enfrentar barreras a la atención médica que les impiden aprender sobre U = U de los proveedores

CONFLICTO DE INTERESES

SKC recibió apoyo parcial de Gilead Sciences para asistir a una conferencia de investigación. KHM ha realizado investigaciones con el apoyo de proyectos sin restricciones de Gilead Sciences y ViiV Healthcare.

CONTRIBUCIONES DE LOS AUTORES

SKC lideró la conceptualización y redacción del punto de vista con aportes significativos de KHM. Ambos autores han leído y aprobado el manuscrito final.

AGRADECIMIENTOS

Ninguno declarado.

FONDOS

Ninguno declarado.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD

Ninguno declarado.

Fuente: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/jia2.25559

miércoles, 19 de agosto de 2020

Los niños con VIH reciben cuidados de segunda clase En la HIV2020, que este año se celebra online, se alerta sobre los retos del VIH infantil y su empeoramiento por la covid-19. El virus se cobra la vida de unos 80.000 bebés cada año

El VIH no es igual a todas las edades. Los menores de 14 años lo tienen más complicado para ser diagnosticados a tiempo y recibir un tratamiento adecuado, por lo que el virus se cobra la vida de unos 80.000 bebés cada año, la mayoría de ellos en África subsahariana. En noviembre, organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo lanzaron un llamamiento para redoblar el combate contra el VIH infantil. Entonces, llegó la pandemia de covid-19.“Muchos de nuestros beneficiarios han perdido el trabajo y se han visto forzados a cerrar sus negocios”, ha explicado la representante de Women Fighting AIDS in Kenya (WOFAK) Jackline Okinyi. “Se están quedando sin dinero para ir a la clínica a buscar los antirretrovirales y para comprar alimentos. Aunque tengan medicamentos, es muy difícil tomarlos sin comida, o sea que podríamos ver un aumento en la interrupción de los tratamientos”. En algunos casos, han informado a los beneficiarios de que sus puntos de recogida de antirretrovirales se trasladaban a otro centro médico, pero todavía esperan a que alguien les llame para especificar cuál.

En África, la covid-19 también está empujando a más mujeres a dar a luz fuera de los centros médicos, de modo que se pierde una oportunidad de oro para detectar los casos de transmisión de madre a hijo. El de Okinyi es uno de los testimonios expuestos durante la Conferencia HIV2020, que este año se celebra de forma virtual a lo largo de cuatro meses bajo el lema "Comunidades recuperando la respuesta global". Para WOFAK y docenas de organizaciones de la sociedad civil, una parte importante de la respuesta al VIH infantil pasa por el trabajo con las comunidades, especialmente, en el contexto de la pandemia de coronavirus.

El trabajo de las entidades, que suelen contar con el liderazgo de personas seropositivas, empieza por la defensa de los derechos de los niños con VIH: frente a los gobiernos, que deben implementar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS); a los grandes financiadores internacionales como los EE UU, que deben apoyar a los países con menos recursos; y a las organizaciones internacionales como ONUSIDA, que ha empezado a elaborar su nueva estrategia para orientar la lucha global contra la pandemia. “Ahora es el momento de hablar con los representantes de ONUSIDA en los diversos países para garantizar que la infancia recibe la atención que merece”, ha recomendado Catherine Connor, vicepresidenta de Política Pública en la Elizabeth Glaser Pediatric AIDS Foundation (EGPAF).

Mejores pruebas y medicamentos

En el mundo hay unos 38 millones de personas que viven con VIH, incluyendo 1,8 millones de niños. La llamada a la acción lanzada por las entidades a finales de 2019, conocida como Declaración de Kigali, recuerda que solo un 54% de los menores de cero a 14 años está en tratamiento y que apenas la mitad de los neonatos expuestos al virus acceden a una prueba de diagnóstico rápido en los dos primeros meses de vida. De los que sí pasan la prueba, solo un 19% la recibe en el plazo de un mes recomendado por la OMS. Muchos, no la recibirán nunca. Y luego está la transmisión madre-hijo, que se ha estancado en un 12,7% a nivel global. “A menudo, no se realiza ninguna intervención para prevenir y detectar el VIH ni durante embarazo ni la lactancia”, señala la fundadora de The Lean on Me Foundation en Maurice Murenga, con una larga trayectoria apoyando niños y adolescentes con VIH en Kenia.

Otra reivindicación es el acceso a antirretrovirales efectivos, asequibles y adaptados a las necesidades de los niños. A pesar del estancamiento actual, la caída de la transmisión madre-hijo se considera uno de los hitos de la respuesta global contra el VIH y en países de altos ingresos apenas se registran casos. Paradojalmente, este éxito ha desincentivado el desarrollo de medicamentos adaptados al público infantil porque el mercado es demasiado pequeño. En la actualidad, la combinación de fármacos más utilizada para niños pequeños es un jarabe amargo, que contiene un 40% de alcohol y debe conservarse en frío. En el África rural, las neveras son un bien escaso y las familias llegan a enterrarlo en la arena para mantenerlo fresco, una solución menos que ideal. La alternativa son pastillas que deben tragarse enteras, algo imposible para un bebé.

En este momento hay nuevos medicamentos en diversas fases de desarrollo que podrían transformar el tratamiento del VIH infantil. Productos que saben bien, se pueden mezclar con zumos o cereales y no necesitan refrigeración. “Los países deberían empezar a planificar ya mismo la introducción rápida de estos regímenes mejorados”, ha señalado Murenga, quien también ha remarcado la importancia de los servicios de salud gestionados por las comunidades.

En los lugares más recónditos del mundo, las organizaciones y trabajadores de salud voluntarios juegan un papel clave a la hora de formar e informar a la población sobre como prevenir y tratar el VIH. Ayudan a identificar nuevos casos de VIH entre madres y niños, incluyendo los que están naciendo ahora en casa durante la pandemia de covid-19; conectan a las personas con los centros de salud y las acompañan durante el tratamiento, salvando así muchas vidas que de otro modo se habrían perdido.

“Los niños que viven con VIH siguen recibiendo unos cuidados de segunda clase”, ha afirmado Maureen Milanga de Health Global Access Project. Las organizaciones reunidas en HIV2020 se han comprometido a seguir trabajando, desde los poblados hasta los foros internacionales, para que la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del VIH sean de primera para todo el mundo.

FUENTE: PLANETA FUTURO

martes, 12 de mayo de 2020

Por qué preocupa tanto la pandemia de COVID-19 en África.

La pandemia de SARS-CoV-2 avanza implacable y pone en jaque a los sistemas de salud de muchos países en el hemisferio norte. Como ocurrió con el coronavirus del SARS (2002-2003) y la gripe H1N1 (2009), la COVID-19 llega a África más tarde. Este continente acumula ya casi 67.000 casos notificados. La Oficina Regional de la OMS para África advierte de que este podría ser el mayor reto de salud pública al que se ha enfrentado la región en los últimos tiempos.
África subsahariana es la región que presenta el mayor riesgo de mortalidad por gripe estacional, seguida muy de cerca por el Mediterráneo oriental y Asia sudoriental. Si tenemos en cuenta que la infección por SARS-CoV-2 está mostrando tasas de contagio y de letalidad mayores que la gripe y que hay una posible asociación entre mortalidad por COVID-19 y la dificultad de acceso a los recursos sanitarios, podemos plantearnos que el continente africano no estaría en la mejor situación para recibir la pandemia.
Frente a la incertidumbre del impacto que tendrá el coronavirus en este continente, sabemos que se suma a otras emergencias. En África, los brotes de sarampión y crisis humanitarias conviven con las tres grandes endemias (malaria, sida y tuberculosis), enfermedades tropicales desatendidas y una plaga de langostas que pone en jaque la seguridad alimentaria en el cuerno de África. Durante la semana pasada se comunicaron 91 brotes de enfermedades distintas en esta parte del planeta, incluida la COVID-19.
Con uno de los sistemas de salud más frágiles del mundo, África soporta una cuarta parte de la carga global de enfermedad y cuenta tan solo con el 3 % de los trabajadores en salud. En cuanto a inversiones tangibles, la mayor parte del presupuesto de salud en los países africanos es destinado a productos médicos, el gasto en personal es del 14 % y en infraestructura, del 7 %. Estas cifras están lejos de las de regiones con sistemas de salud con mejor desempeño, donde la inversión es mayor tanto en la fuerza laboral (40 %) como en infraestructura (33 %).
Aunque existe variabilidad entre los países africanos, en términos globales apenas la mitad de la población tiene acceso a servicios de salud y bienestar satisfactorios. Sus sistemas de salud funcionan al 49 % de sus posibilidades, lejos de alcanzar su máximo potencial, y con un nivel de resiliencia bajo. Estos son pocos recursos, humanos y materiales, para hacer frente a un aumento explosivo de pacientes con necesidad de cuidado intensivo.
Ante este escenario, la mayoría de los países africanos se está esforzando en la detección temprana, el cierre o limitación del tráfico aéreo y en las fronteras, así como en medidas de aislamiento, cuarentena y distanciamiento social. Es un esfuerzo titánico tanto para el área rural, donde vive un 60 % de la población y es frecuente la economía de subsistencia, como para las ciudades, donde abunda el urbanismo mal planificado en la periferia, con infraestructuras deficientes y acceso inadecuado al suministro de agua, saneamiento y manejo de residuos.
Hemos oído hasta la saciedad que lavarse las manos es una de las medidas principales para frenar la transmisión de COVID-19. Afortunadamente, en el norte de África el 90 % de la población tiene acceso a agua limpia, pero esto va a ser un problema en África subsahariana, donde el 40 % de la población (aproximadamente 300 millones de personas) no lo tiene. Allí conocen bien la importancia de la higiene y el saneamiento: después de las enfermedades respiratorias y el sida, las enfermedades diarreicas son la tercera causa de morbimortalidad en África.

Consecuencias de la COVID-19 en un continente castigado

La pirámide demográfica en países africanos es muy diferente a la nuestra, con una población mucho menos envejecida. Esto nos llevaría a pensar en una mortalidad inferior por COVID-19, pero la proporción de individuos que tienen el sistema inmune comprometido es muy superior.
El Director General de la OMS, Tedros Adhanom, resaltaba cómo esta pandemia muestra lo vulnerables que son las personas afectadas de enfermedad pulmonar o con un sistema inmune debilitado.
Esto no hace presagiar nada bueno para una región donde las infecciones del tracto respiratorio inferior y el sida son las principales causas de morbilidad y mortalidad. África es la región con mayor carga de sida, casi dos terceras partes de las nuevas infecciones por VIH ocurren en este continente. También encabeza el ranking para otras epidemias como malaria, tuberculosis y neumonía infantil, y sufre la mayor parte de la carga global de enfermedades tropicales desatendidas. Sin olvidar que el continente africano se lleva también la peor parte en cuanto a desnutrición e inseguridad alimentaria.
Además del impacto directo en las personas, hay también una gran preocupación sobre el efecto de la COVID-19 en los programas de salud y en el acceso a los cuidados médicos. Un ejemplo es la anterior epidemia de ébola y las consecuencias negativas que tuvo en las campañas de vacunación infantil (sarampión y pentavalente) en Sierra Leona.
El impacto de COVID-19 sobre la tuberculosis es especialmente preocupante, ya que en el continente se da una elevada prevalencia de VIH y en esta condición la coinfección con tuberculosis es la principal causa de mortalidad. Es por ello que, recientemente, la OMS ha alentado a los países a mantener la continuidad de los programas de tuberculosis y proporcionado guías para minimizar los efectos negativos de la pandemia de COVID-19.
La OMS envía directrices similares en el caso de la malaria, otra de “las tres grandes”, y que concentra en África el 90 % de los casos y las muertes (sobre todo en niños menores de cinco años). Si no se mantienen los esfuerzos para el control de esta enfermedad (fumigación con insecticidas, distribución de mosquiteras, diagnóstico y tratamiento temprano), se observará un repunte de la malaria después de los esfuerzos colosales realizados en los últimos años. Un mal momento, cuando el programa de implementación de la vacuna contra la malaria ya tiene lugar en tres países africanos.

Lecciones y buenas noticias

El continente africano es ya un veterano en la lucha contra epidemias de gran impacto y en la respuesta rápida en situaciones de crisis. El brote de ébola en África occidental puso de relieve la forma en que una epidemia puede proliferar rápidamente y plantear enormes problemas en ausencia de un sistema de salud sólido. Pero el enorme esfuerzo que supuso esa crisis, de integración y cooperación de organismos internacionales, entidades gubernamentales y, sobre todo la sociedad civil, es ahora un aprendizaje y una respuesta adquirida; su vacuna más eficaz.
Junto con esto, la llegada tardía de COVID-19 a África ha dado una oportunidad de preparación que no se ha perdido. Así se ha creado el Africa Joint Continental Strategy for COVID-19 OUTBREAK, una acción multilateral que coordina esfuerzos de agencias de la Unión Africana y los países miembros, la OMS y otros socios, y que pone el foco en 6 pilares: Capacidad de laboratorio, vigilancia, prevención y control en centros médicos, manejo de casos, comunicación y logística.
Desde febrero de este año, África se ha preparado y ha mejorado su capacidad para el diagnóstico de COVID-19. El Africa CDC y el Instituto Pasteur de Dakar han trabajado en coordinación para implementar las técnicas de detección del ARN de SARS-CoV-2 en más de cuarenta países del continente. Al mismo tiempo, la Oficina Regional de OMS en África, junto con Africa CDC han iniciado una campaña de orientación técnica, comunicación y concienciación.
Existe un Plan de Respuesta Humanitaria Global COVID-19 de Naciones Unidas que cuenta con dos mil millones de dólares y considera África como una región prioritaria, mientras que en las contribuciones que distintos países, organizaciones multilaterales, fundaciones y corporaciones hacen a la lucha global contra COVID-19, no se olvida el apoyo a países de media y baja renta.
Una de las cosas que nos enseña esta pandemia es que vivimos en mundo globalizado, con un flujo de personas, mercancías, y patógenos a escala mundial. Los agentes infecciosos, entre ellos este virus, no conocen fronteras. COVID-19 comenzó en China y llega ahora a África. El continente ha superado graves epidemias, cuenta con las coaliciones y planes de respuesta que hereda de pasadas emergencias sanitarias y con apoyo internacional.
Lo más importante es que cuenta con una población que conoce el poder que tiene la comunidad en la lucha contra epidemias. Una característica del pueblo africano es su resiliencia y su vivir en el presente. En su novela Ébano, Kapuscinski lo definía así: “En África, se vive al día, al momento, cada día es un obstáculo difícil de superar, la imaginación no sobrepasa las veinticuatro horas, no se hacen planes ni se acarician sueños”. Mucho nos queda aprender de ella. A la espera de ver cómo evoluciona la pandemia, nuestras esperanzas están con África.

Alerta sobre otra pandemia: la covid-19 puede causar 500.000 muertes más por VIH en África.

Unas 17 millones de personas reciben tratamiento antirretroviral en el continente. La OMS alerta hoy del aumento de víctimas mortales por el virus del sida si se interrumpe su administración durante seis meses por la crisis.


Los esfuerzos en la lucha contra el sida en África pueden retroceder más de una década si durante la pandemia del nuevo coronavirus no se garantiza la continuidad de los servicios de prevención y tratamiento del VIH. En concreto, una interrupción de seis meses en el suministro de terapia antirretroviral puede suponer un aumento de 500.000 muertes en la región subsahariana entre 2020 y 2021 por enfermedades vinculadas con el sida, como la tuberculosis entre otras, según un comunicado publicado este lunes por la Organización Mundial de la Salud y la agencia de las Naciones Unidas para la lucha contra el sida (Onusida). "La terrible posibilidad de que medio millón más de personas en África mueran de enfermedades relacionadas con el sida es como retroceder en la Historia", ha explicado el director general de la OMS, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, que ha pedido a las comunidades y los socios de la organización que tomen medidas ahora.
De darse esta situación, sería un trágico récord desde 2008, cuando 950.000 personas murieron por sida en la región. En 2018, año del que se dispone de los últimos datos estadísticos, 25,7 millones de personas eran portadoras de VIH en África subsahariana, de las cuales 16,4 millones recibían tratamiento antirretroviral. Esas personas corren el riesgo de que su tratamiento se vea interrumpido debido al cierre de los servicios sanitarios que lo suministran o porque estos se centren en apoyar la respuesta a la covid-19 en detrimento de otras terapias, como la necesaria para los portadores de VIH.
"Debemos leer esto como una llamada de atención a los países para identificar formas de mantener todos los servicios de salud vitales. Para el VIH, algunos países ya están tomando medidas importantes; por ejemplo, asegurando que las personas puedan recolectar paquetes de tratamiento a granel y otros productos esenciales, incluidos los equipos de autoevaluación, desde los puntos de entrega. Esto aliviaría la presión sobre los servicios de salud y la fuerza laboral de salud. También debemos asegurarnos de que los suministros mundiales de pruebas y tratamientos continúen fluyendo a los países que los necesitan", ha añadido.
"La pandemia no debe ser una excusa para desviar la inversión en la erradicación del VIH. Existe el riesgo de que las ganancias obtenidas con tanto esfuerzo se sacrifiquen en la lucha contra la covid-19, pero el derecho a la salud significa que ninguna enfermedad se debe combatir a expensas de la otra", ha añadido Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Onusida.
Cuando un paciente sigue bien el tratamiento, su carga viral de VIH cae a un nivel indetectable, lo que la mantiene saludable y evita la transmisión del virus. Pero si esa persona no puede tomar la terapia antirretroviral regularmente, la carga viral aumentará, lo que afectará a su salud y, en última instancia, le puede conducir a la muerte. Incluso las interrupciones del tratamiento a corto plazo pueden tener un impacto negativo significativo en la salud y en el potencial de transmisión de virus de una persona.
La investigación utilizó diversos modelos matemáticos para analizar los efectos de posibles interrupciones en los servicios de pruebas, prevención y tratamiento del VIH causados por la covid-19. Cada modelo analizó el impacto potencial de las interrupciones del tratamiento de tres meses o seis meses sobre la mortalidad por sida y la incidencia del VIH en África subsahariana.
En el escenario de interrupción de seis meses, se estimó que el exceso de muertes relacionadas con el sida en un año oscilarían entre 471.000 y 673.000, lejos de la meta planteada por las Naciones Unidas para 2030 en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de reducir la cifra a menos de 500.000 fallecidos.
Si se da una interrupción de tres meses, el impacto será reducido pero aún significativo. Las interrupciones esporádicas del suministro de la terapia antirretroviral conducirán a una adherencia también esporádica al tratamiento, lo que llevará a un aumento de la resistencia a los medicamentos y habrá consecuencias a largo plazo para el éxito futuro del tratamiento.

Miedo a un aumento de la transmisión materno infantil

La interrupción de los servicios también podrían revertir los avances logrados en la eliminación de la transmisión del VIH de madre a hijo. Desde 2010, las nuevas infecciones por VIH en niños en África subsahariana han disminuido en un 43%, de 250.000 en 2010 a 140.000 en 2018, debido a la alta cobertura de servicios de VIH para madres y sus hijos en la región. La reducción de estos por la covid-19 durante seis meses podría aumentar drásticamente las nuevas infecciones infantiles por VIH, hasta en un 37% en Mozambique, un 78% en Malawi y Zimbabue y un 104% en Uganda.
Otros efectos significativos de la pandemia en la respuesta al sida en África subsahariana que podrían conducir a una mortalidad adicional incluyen que se reduzca la calidad de la atención clínica  debido a que los centros de salud se saturen demasiado y la posible suspensión de pruebas para detectar la carga viral.
"Cada muerte es una tragedia. No podemos quedarnos sentados y permitir que cientos de miles de personas, muchas de ellas jóvenes, mueran de manera innecesaria. Insto a los Gobiernos a que garanticen que todos los hombres, mujeres y niños que viven con el VIH reciban suministros regulares de terapia antirretroviral; es algo que, literalmente, salva vidas", ha añadido Byanyima.
Cada escenario estudiado también consideró en qué medida una interrupción de los servicios de prevención, incluida la suspensión de la circuncisión médica masculina voluntaria, la interrupción de la disponibilidad de preservativos y la suspensión de las pruebas de VIH afectaría la incidencia del virus en la región.
El comunicado destaca la necesidad de realizar esfuerzos urgentes para garantizar la continuidad de los servicios de prevención y tratamiento del VIH a fin de evitar el exceso de muertes relacionadas con esta enfermedad y evitar el aumento de su incidencia durante la pandemia.

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