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domingo, 21 de noviembre de 2010

"Tengo VIH".


Por: Jesús Tamariz Saldaña*



Ya habían bastantes botellas de cerveza sobre la mesa, era evidente que la convivencia era franca y directa entre amigos. Roberto, el anfitrión, decidió poner orden en la charla y llamó la atención de Luis y de Jaime. Juntos habían estudiado la preparatoria y luego de 10 años aún les gustaba reunirse a convivir.

-Chicos… guarden silencio un momento… hay algo que quiero compartir con ustedes, pero necesito su atención.

-No inventes -dijo Jaime- deja que Luís termine de contar su chiste…

-Ya habrá tiempo para eso, -sentenció Roberto- ahora necesito su atención porque hay algo que quiero que sepan…

-Está bien… te escuchamos.

Contestó Luis sin soltar su cerveza y aún con la sonrisa franca que le caracterizaba, mientras se acomodaban en sus sillas, exagerando el gesto de ponerle atención a su amigo.

-Hace tiempo que quiero compartir algo con ustedes, la verdad es que no se cómo empezar…

La seriedad de Roberto hizo que tanto Luis como Jaime pusieran realmente atención, con lo que pudo escucharse claramente la melodía que amenizaba la reunión; un poco de trova que siempre los devolvía a su época de preparatoria. Un suspiro de Roberto enfatizó el dramatismo del momento cuando empezó a hablar.

-Lo que quiero compartirles es que hace dos años ya que vivo con VIH, que estoy bajo tratamiento y que mi médico dice que por lo demás estoy perfectamente sano.

El silencio de Luis y Jaime se hizo más evidente aún, por un momento pareció que ni la música que seguía sonando en el fondo podía oírse. Fue Jaime quien rompió el silencio:

-¿Por qué no nos habías dicho que eres homosexual?

-¡Que bruto eres…! ¿que tiene que ver una cosa con la otra?

Fue Luis quien respondió mientras le daba un golpe con la palma de la mano en la cabeza.

-Luis tiene razón en que eres un bruto y en que no tiene nada que ver una cosa con la otra; no, no soy homosexual y no creí que tú compartieras ese tipo de mitos y creencias acerca del SIDA y el virus que lo causa… realmente me decepciona un poco…

-¿Pues entonces como te infectaste?, yo sabía que eso sólo le da a homosexuales y prostitutas… ¿te metiste con una?

La expresión de Jaime iba del asombro al ridículo por lo grotesco de sus gesticulaciones y porque discretamente se había hecho hacia atrás como tratando de no tener un contacto directo con él.

-No le hagas caso, -respondió Luis- ya ves que no coordina lo que sale de su boca con lo que procesa su cerebro, lo tonto no se le ha quitado ni con el paso de los años.

-Espera, no es por lo que dice que voy a responder, es porque quiero hablar de esto… No, no fue con una prostituta y tampoco soy homosexual, aunque sí fue por vía sexual que me infecté; fue una chica que conocí en un antro y con la que tuve sexo una sola vez… me confié, la vi saludable, llena de vida; la verdad es que a la hora de la hora no pensé en usar condón, sólo me importaba el momento y me aventé así. Al otro día, cuando la euforia había pasado me entró la cruda moral. No volví a verla, pero tres meses después, aún con la duda clavada fui a hacerme la prueba de detección y salió positiva

Luís guardaba un respetuoso silencio mientras Jaime se revolvía en su asiento, nervioso, molesto, apretando en sus manos el envase vacío de la cerveza, más por la necesidad de tener algo en las manos que porque realmente le importara que estuviera llena o vacía, interrumpió altanero.

-¿Y porqué nos lo confiesas hasta ahora?

-Yo no les estoy confesando nada… les estoy compartiendo esta parte de mi vida porque pensé que siendo mis amigos, ya era hora de que lo supieran; pero no es una confesión porque, en primer lugar, no tendría porque hacerlo con ustedes, en caso de que quisiera hacerlo, y, en segundo lugar yo no me siento culpable de nada, fue una mala decisión en mi vida y estoy asumiendo las consecuencias.

-Pero debiste decirnos antes, ¿Cuántas veces hemos venido a tu casa…? ¿Qué tal si ya nos contagiaste...?

Luis se limitaba a mirar con enojo a Jaime, incapaz de dar crédito a lo que escuchaba, no de Roberto, de Jaime.

-¿Contagiarte?... ¿De qué?... ¿Pues cuando tuvimos sexo tu y yo? –respondió Roberto.

-Pero usamos tu baño, tus vasos…

-¿Y eso qué? el virus no se transmite por contacto social, no se transmite por saliva ni por usar el mismo baño… los únicos medios por los que puede adquirirse el VIH son el contacto sanguíneo y tú no tienes nada que ver con mi sangre, el sexo sin protección y tú y yo no lo hemos hecho, ni lo haremos, y la vía perinatal y tú ni naciste de mí ni te alimenté con mi leche porque ni puedo, ni tengo como y los hombres no damos a luz a un hijo… y menos a un hijo… como tú

-Pe… pero debiste decirnos…

Balbuceó Jaime ya sin fuerza ante los argumentos de Roberto, más por necio que por no comprender lo que escuchaba.

-No, no debí nada, la decisión de compartir esta información con ustedes o con quien sea es sólo mía, no debí nada, porque nada me obliga a hacerlo a menos que tú seas mi médico tratante y vayas a tener que ver con mi sangre, por cortesía entonces podría decirlo porque el médico tiene la obligación de usar guantes y dar el trato adecuado a la sangre de quien sea, ya que deben tratar cualquier muestra sanguínea como potencialmente peligrosa y no sólo por VIH, sino por hepatitis o cualquier otra enfermedad que tenga que ver con la sangre. A mi médico si se lo diría porque se que eso lo ayudaría a darme un mejor tratamiento que no entrara en contraindicaciones con el tratamiento que llevo por el VIH; pero fuera de ahí no, no tengo la obligación de informar a medio mundo de mi condición serológica, es mi decisión y hoy decidí decírselo a ustedes, como antes se lo dije a mi familia.

El ambiente se había hecho pesado, Jaime se mostraba sorprendido y molesto, aunque realmente estaba digiriendo todo lo que estaba escuchando, mientras que Luis, que se acababa de levantar de su silla, en cuanto vio que Roberto había terminado de hablar, se le acercó y lo abrazó fuertemente mientras le decía:

-Gracias por compartir conmigo esto, sabes lo mucho que te quiero y no te imaginas lo importante que es para mi que me consideres lo suficientemente digno como para compartir esto conmigo… te quiero hermano, cuenta conmigo para lo que necesites…

El abrazo duro unos minutos, mismos que a Jaime le sirvieron para darse cuenta de lo estúpido de su postura. Se levantó tímidamente y se unió al abrazo mientras decía:

-Discúlpame, soy un tonto, es sólo que me tomaste por sorpresa y no supe reaccionar… sabes que también te quiero hermano, gracias por tu confianza… sólo… sólo tenme un poco de paciencia porque ya sabes que no se me da mucho eso del buen tacto… pero cuenta conmigo.

El abrazo triple duró unos minutos más, en lo que los tres amigos retomaban el control de sus emociones; en cuanto se empezaron a separar Jaime volteó a ver a Luis y le preguntó:

-Y, por fin, ¿Qué le pasó a la viejita del chiste?

Rieron francamente los tres y Luis se dispuso a continuar con el chiste mientras Roberto cambiaba el CD para ir luego por otras cervezas a la cocina… la noche aún era joven.
Fuente: inteligencia sexual.

2 comentarios:

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