Páginas vistas la semana pasada

jueves, 2 de julio de 2009

VIH y otras enfermedades.

VIH y cáncer

Algunos tipos de cáncer son más comunes entre personas con VIH que en la población general. Una de las razones puede ser que el VIH dificulta el control de algunos virus que provocan cáncer, como el virus del papiloma humano y el de la hepatitis C. El sarcoma de Kaposi, el linfoma no Hodgkin y el cáncer cervical son tres tipos de cáncer que se suelen dar más en personas con VIH que en no infectados. El diagnóstico de estos tipos de cáncer puede indicar la progresión de la infección por VIH a SIDA. Los síntomas incluyen lesiones en la cara o el cuerpo, sudores nocturnos y pérdida de peso aguda. El cáncer puede ser difícil de tratar en personas con VIH debido a la debilidad de su sistema inmunitario y a los bajos recuentos de leucocitos provocados por la enfermedad. El tratamiento suele incluir cirugía, radiación o quimioterapia. Cuanto más te comuniques con tu médico y cooperes con él para controlar tu salud, será mejor para ti. Habla con él sobre lo que puedes hacer para reducir el riesgo de cáncer gracias a medidas de prevención y exámenes de detección precoz. Asegúrate de hablar sobre tu historial médico familiar y de cómo ciertos comportamientos como la práctica de sexo sin protección o el compartir agujas para el consumo de drogas pueden aumentar el riesgo de padecer cáncer.

VIH y diabetes

Diversos estudios han descubierto que las personas con VIH que toman medicación antirretroviral pueden tener riesgo de padecer diabetes tipo 2. Si la persona también está infectada con hepatitis C, el riesgo parece aumentar. Para una persona con VIH, el peso corporal y el historial familiar también se consideran posibles factores de riesgo. La diabetes tipo 2 se origina cuando el cuerpo no produce suficiente insulina o la utiliza de forma inadecuada. Los síntomas comunes incluyen una sed difícil de saciar, visión borrosa y necesidad de orinar constantemente.La diabetes se puede tratar con dieta, ejercicio y medicación. Si no se trata, puede dar lugar a otras enfermedades más graves, como una enfermedad cardiaca, una razón fundamental por la que es importante someterse a análisis sanguíneos rutinarios si se tiene VIH. Estos análisis incluyen pruebas de la función hepática, que permiten detectar la presencia de daño hepático (un posible factor en la diabetes relacionada con el VIH), y una prueba de glucosa para valorar si puede desarrollar, o ha desarrollado, diabetes si tiene factores de riesgo pero no muestra ningún síntoma. Habla con tu médico acerca del riesgo de padecer diabetes. Si tienes sobrepeso o hay antecedentes de diabetes en tu familia, asegúrate de hablar sobre ello antes de comenzar a tomar un nuevo medicamento para el VIH.

HIV y hepatitis.

Uno de los problemas de salud que encontramos en la actualidad dentro del colectivo de personas con VIH, es el de la coinfección del virus del VIH con el de la hepatitis (especialmente B y C), siendo las infecciones hepáticas cada día más relevantes para este grupo de personas (Cáceres, AM).
Según datos de ONUSIDA, 42 millones de personas en el mundo están afectadas por el virus del VIH, mientras que, alrededor de 180 millones, lo están afectadas por el de la hepatitis C (Levin, J. 2003). Por otra parte, el "Manual sobre la coinfección del virus de la Hepatitis C y el VIH", de Levin, J., editado por NATAP (Barcelona, 2003); estima que en el Estado Español existen, aproximadamente, 80.000 personas coinfectadas con el VIH y el virus de la hepatitis C (VHC). Respecto a la hepatitis B, las cifras barajadas en diferentes países apuntan a que, entre un 10 y 15% de personas con VIH son, asimismo, portadoras crónicas del virus de la hepatitis B (VHB).
¿Qué es la hepatitis? Etiología.
La hepatitis es una enfermedad inflamatoria que afecta al hígado. El origen de esta afección puede ser infeccioso (virus, bacterias, etc.), inmunológico (células del sistema inmunológico que pueden atacar al hígado y causar hepatitis autoinmune), o tóxico (producido por la ingesta de alcohol, hongos venenosos o fármacos).
Entre a las causas víricas de esta enfermedad, lo más habitual es encontrarnos ante virus específicos para la hepatitis (es decir, que sólo provocan esta enfermedad). Hasta el momento se han descubierto 6 tipos: virus A, B, C, D, E, F y G. Los más importantes son los A, B y C.
Etimología
Hepatitis A: Causada por el virus A (VHA). Se transmite por contacto con deposiciones de otra persona infectada, por el consumo de agua o alimentos contaminados (y en este último caso poco lavados), o por la falta de higiene en el hogar. En la actualidad, y en países "desarrollados", afecta en casos aislados. Aunque existe una vacuna para prevenirla, se recomienda una buena higiene en el hogar y en la manipulación de alimentos.
Hepatitis B: Está causada por el virus B (VHB). Se transmite por la sangre (transfusiones no controladas de sangre y hemoderivados; uso compartido de agujas; realización de tatuajes, acupuntura, etc., siempre que el material no esté esterilizado) o por vía sexual (cuando no se utilizan barreras de protección), desde una persona enferma de hepatitis activa o de una portadora sana del virus de la hepatitis B. También se puede transmitir por vía perinatal de la madre al/a la hijo/a, en el momento del parto y durante la lactancia*. Tan sólo entre un 5 y 10%, aproximadamente, de las hepatitis B tienden a cronificarse (el resto desaparece) pero cuando lo hace puede tener consecuencias graves (cirrosis y cáncer de hígado, insuficiencia hepática, e incluso la muerte). También existe una vacuna para prevenirla y un tratamiento (recomendamos consultar con el/la médico/a).
* Información recogida del Tratado de Pediatría Nelson
El factor de riesgo más importante en cuanto a la adquisición de la hepatitis B en los niños es la exposición perinatal a una madre positiva para HBs Ag.Durante el periodo neonatal, el anfígeno de la hepatitis B se encuentra en al sangre del 2,5% de los hijos de madres infectadas, lo que indica que se ha producido una infección intrauterina.En la mayor parte de los casos la antigenemia aparece más tarde, lo que sugiere más bien una transmisión en el momento del parto, quizá a partir de virus contenido en el líquido amniótico o en la sangre o las heces maternas. El hallazgo de HbsAg en la leche de madres infectadas es inconstante. La lactancia materna de los niños no inmunizados por sus madres infectadas no parece suponer un riesgo mayor de hepatitis en comparación con la lactancia artificial, pese a la posibilidad de que las grietas del pezón puedan facilitar la ingestión por el lactante de sangre materna contaminada.
Hepatitis C: Causada por el virus C (VHC). Se transmite principalmente mediante el contacto con la sangre de una persona infectada (transfusiones no controladas de sangre y hemoderivados; uso compartido de agujas; realización de tatuajes, acupuntura, etc., siempre que el material no esté esterilizado). La transmisión por vía sexual y de madre a hijo/a es rara, pero posible. Se estima que el 80% de la hepatitis C se hace crónica, y es posible no tener síntomas en muchos años. Puede causar hepatitis crónica, cirrosis, cáncer de hígado, insuficiencia hepática y el fallecimiento. No existe vacuna para este tipo de hepatitis, y, aunque hay un tratamiento, no todo el/la que lo sigue llega a curarse. El tratamiento es agresivo y consiste en una terapia combinada de 2 fármacos, el interferón y la ribavirina, su duración es de entre 12 y 18 meses. Conviene extremar las medidas preventivas: no compartir jeringuillas, rulos o billetes para inhalar sustancias; asegurarse de las medidas de higiene a la hora de hacerse un piercing o tatuaje, usar preservativos en las relaciones sexuales, etc.
Hepatitis D: El virus de la hepatitis D (VHD) necesita del de la B para existir y se encuentra en la sangre. La vacuna de la hepatitis B también protege del VHD.
Hepatitis E: El virus de la hepatitis E (VHE) se transmite de forma similar al de la hepatitis A, y se disemina a través del agua contaminada.
Hepatitis F y G: Su aparición es reciente, y todavía no se conoce mucho sobre ellas.
Coinfección por hepatitis C y VIH
Uno de los aspectos que conviene tener en cuenta es que la hepatitis C (VHC), cuando aparece asociada al VIH, progresa con mayor rapidez.
Si estás tomando tratamiento para el VIH, es importante que tengas en cuenta que éste puede afectar de forma negativa al hígado. En caso de no estar tomando medicación para el VIH, es conveniente prestar especial atención al VHC, ya que el VIH, hoy en día, está más controlado.
Cuando la única opción de tratamiento para el VHC sea el transplante de hígado, es importante que la persona afectada tenga el mayor apoyo social, sanitario y psicológico posible.
En cualquier caso, recomendamos consultar con el/la médico/a, además de procurar llevar una vida sana y suprimir el consumo de alcohol.
Recomendaciones para las personas en tratamiento de VIH y hepatitis B o C
Contar con la mayor información posible te permitirá mejorar la adherencia al tratamiento. En este sentido, nada mejor que el asesoramiento de tu médico/a, equipo de farmacia y enfermería. Es posible que los temas relativos a los efectos secundarios de la medicación sean duros, por ello, es preferible esperar uno o dos meses antes de tomar la decisión de iniciarla, ya que es importante estar concienciado/a y hacer bien las tomas.
Llevar una vida saludable dificultará una rápida progresión de la infección: comer sano, suprimir el consumo de alcohol, descansar el tiempo necesario, evitar las prácticas de riesgo a la hora de consumir drogas, procurar no cargarse de disgustos ni automedicarse.
El apoyo social es muy importante para las personas con VIH y VHB o VHC. Puede ayudarte contactar con alguna asociación de personas afectadas, ya que conocer y aprender de la experiencia de los/las que han superado los efectos secundarios de la medicación puede ser más útil de lo que en un principio pudieses creer.
Participar en grupos de apoyo mutuo no elimina las dolencias ni el virus, pero es una herramienta útil que, junto con los fármacos, puede contribuir a que lleves mejor la enfermedad.
Para adaptarte a las necesidades derivadas del proceso de infección y de su tratamiento, te puede ayudar hablar con las personas de tu entorno con las que sientes confianza; o que recurras a ayuda profesional si lo ves necesario.

fuente: infosida.es

3 comentarios:

Menda dijo...

Aquí siempre aprendemos.

Fiore.. dijo...

Muy importante información.. sigue así... Besos

Mar dijo...

Este blog ya supera a muchos medicuchos que no tienen ni idea ;)

Besitosssssssssssss