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lunes, 29 de septiembre de 2008

SIDA-MUJERES:


El vínculo opaco entre las guerras y el VIH

Por Zofeen Ebrahim



Floride Nyiraneza en la XVII Conferencia Internacional sobre el Sida.

Crédito: Zofeen Ebrahim/IPS

MÉXICO, 8 ago (IPS) - "Soy una sobreviviente. Si puedo seguir viviendo después de todo lo que me pasó, también pueden hacerlo otras mujeres", relató Floride Nyiraneza, de 42 años, portadora de virus que causa el sida, viuda y madre de cuatro hijos.

Nyiraneza fue una de las 250.000 mujeres sistemáticamente violadas en las semanas del genocidio ruandés de 1994, cuándo se estima que murieron un millón de personas.

En 2001, cuando ya no aguantó más, Nyiraneza pidió ayuda a la Asociación de Viudas del Genocidio (Avega). "Recibí atención psicológica, alimentos, cuidados médicos y educación, y así pude sobrevivir al trauma", relató a IPS.

Dos años después, Avega pidió ayuda a la comunidad internacional para obtener medicación para las mujeres que contrajeron el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida, al ser violadas durante el genocidio.

Un pequeño grupo de estadounidenses, incluidos médicos, activistas y periodistas respondieron al pedido.

Nyiraneza es una "heroína" de guerra, remarcó Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda, en el panel "Después de la guerra: Mujeres, niños, niñas y poblaciones desplazadas", en el marco de la XVII Conferencia Internacional sobre Sida, que comenzó el domingo y terminó este viernes en la capital mexicana.

Robinson subrayó la importancia de "escuchar las voces" de mujeres que sufrieron conflictos de décadas durante las que demostraron un impresionante coraje y resistencia.

Es imprescindible integrarlas a las "mesas de negociaciones" porque las soluciones de largo plazo para alcanzar la paz pasan por ellas, remarcó.

La pandemia del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) es considerada hoy un problema de desarrollo y seguridad en todo el mundo.

No hay pruebas que señalen un aumento de la prevalencia del VIH durante los conflictos y las situaciones de emergencia y después de ellos, en especial en países con baja presencia del virus.

Sin embargo, expertos sí consideran que las situaciones conflictivas proveen un terreno fértil para la propagación del virus.

Margaret Wambete, de Kenia, es otra de las heroínas que participó en la conferencia y cuyos recuerdos de un campamento de desplazados en el valle de Rift siguen frescos.

"En diciembre de 2007 estalló la violencia en Kenia tras las disputadas elecciones. Debimos abandonar nuestros hogares y alojarnos en un campamento", relató.

En el apuro por escapar, olvidó los medicamentos antirretrovirales, cuya ingesta reduce la carga del VIH en el organismo, retarda el avance de la enfermedad y prolonga la vida.

"Estuve tres semanas sin tomarlos. Tenía miedo de ir a buscarlos", relató.

Wambete no era la única persona con VIH/sida en el campamento. Había medio millar más en la misma condición.

"Fue terrible. Pensé que moriría, pero no por el sida, sino por el conflicto", apuntó.

Al ser una persona independiente desde el punto de vista económico y una maestra muy respetada, Wambete se sintió humillada al verse obligada a vivir en condiciones terribles.

Su familia no sólo padeció el estigma, la discriminación y el rechazo de otros residentes del campamento, sino también la falta de refugios, centros de atención médica o alimentación adecuados.

"Mis cinco hijos y yo teníamos una sola sábana y la falta de alimentos era grave", recordó Wambete.

Una portadora del VIH que tuvo un hijo en el campamento debió amamantarlo, lo cual es desaconsejado por los médicos, porque no había leche en polvo allí.

Después de mucho hablar, presionar y gracias a los esfuerzos de la propia Wambete, lograron que el Comité Internacional de la Cruz Roja les aportara medicamentos a los desplazados con VIH alojados en el campamento.

"Pero eso fue cuando ya habían muerto 10 personas", se lamentó.

El director de la unidad de VIH/sida del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Paul Spiegel, discrepó con la opinión de que los conflictos, el desplazamiento de personas y las violaciones que suelen ocurrir en esos momentos difíciles propician un aumento de la prevalencia del virus.

"No hemos encontrado un vínculo claro entre conflictos y VIH", indicó Spiegel.

Acnur realizó una investigación y analizó la situación de siete naciones africanas: Burundi, República Democrática del Congo, Ruanda, Sierra Leona, Somalia, Sudán y Uganda.

"Los datos de esos países no indican un aumento de la prevalencia del con VIH en periodos conflictivos, independiente de la prevalencia registrada al inicio del conflicto", concluye la investigación, publicada el año pasado por la revista médica británica The Lancet.

Spiegel menciona, entre otras explicaciones posibles, "la baja cantidad de transmisiones de VIH durante las relaciones sexuales, la menor cantidad de agresores portadores respecto de lo que se pensaba y la reducción de la movilidad social durante el conflicto".

De todos modos, la investigación tiene en cuenta que toda violación es una tragedia y que cada víctima debe recibir apoyo y cuidado.

El inconveniente del informe, según Spiegel, es que puede ser empleado por los donantes para "limitar fondos, personal e intervenciones en beneficio de otros grupos y programas para diferentes contextos que puedan tener mayores consecuencias en materia de salud pública".

La investigación se dirigió a los líderes políticos a fin de que las intervenciones se basen en pruebas y no en presunciones a partir de pequeñas investigaciones, añadió.

Spiegel se refirió al estudio de Avega, según el cual eran portadoras del VIH entre 70 y 80 por ciento de las 1.125 mujeres violadas que sobrevivieron al genocidio en Ruanda

"La comunidad de lucha contra el sida es blanco de ataques por hacer un mal uso de los datos en pro de su objetivo de conseguir fondos", remarcó.

Fiona Perry, coordinadora experta en sida del Equipo de Gestión de Desastres del TearFund, con sede en Gran Bretaña, concordó con Spiegel en que la violencia sexual en tiempos de guerra no necesariamente aumenta la prevalencia del VIH.

Más que el conflicto en sí, señaló Perry, es en el periodo subsiguiente que las personas desplazadas, en especial mujeres, niños y niñas, corren mayor riesgo.

"Afganistán es un ejemplo de ello", dijo Perry a IPS.

"Tiene baja prevalencia del VIH y no es posible hablar de la enfermedad. Sin embargo, tiene todos los ingredientes para que la situación empeore, amplio uso de drogas inyectables, inequidad y violencia de género generalizada, poca infraestructura y alto índice de analfabetismo", indicó.

TearFund interviene en esa coyuntura a fin de "impedir que el VIH llegue hasta allí", explicó Perry.

"Cuando termina una guerra, las comunidades tratan de reunirse y se observa un aumento de la movilidad, incluido el ejército, pues la gente migra a las ciudades en busca de trabajo, se construye infraestructura y de repente el país se abre, y aumenta las probabilidades de propagación del virus", explicó Perry.

Los desastres también fomentan comportamientos riesgosos, apuntó.

"La lucha por el poder aumenta, hay aburrimiento y el sexo es una de las cosas sobre la que los hombres mantienen control. Eso suele propiciar la violencia de género", explicó.

"La gente suele querer procrear después de los conflictos por la cantidad de pérdidas sufridas", apuntó Perry.

"Estuve en República Democrática del Congo el año pasado y quedé consternada al ver que las violaciones y la violencia sexual eran hechos comunes y que ahora se han vuelto una norma cultural", relató.

"Fui a Médicos Sin Fronteras y me encontré con siete casos de niños violados, todos menores de nueve años", añadió.

"A menos que todas las organizaciones no gubernamentales y otras agencias sigan comprometidas y sus intervenciones se basen en políticas bien concebidas destinadas a mujeres y niñas, no podremos hacer frente a la violencia de género", afirmó Robinson.

(FIN/2008)

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